sábado, 16 de mayo de 2026

¡¡Cuento 164 🖋 escrito por mí!!

UN VERANO EN TORTOSA

CUENTO BREVE

 

Nunca pensé que un verano pudiera cambiar el rumbo de mi vida. Me llamo Zaida Mirev, nací en Marrakech y trabajo como astrónoma en un observatorio de Marruecos. Tengo el cabello largo y negro, ojos oscuros y una piel morena que siempre se broncea con facilidad bajo el sol. Aunque muchos creen que soy fría por mi manera seria de hablar, en realidad soy una persona curiosa, soñadora y muy sensible.

Aquel verano viajé sola a Tortosa para asistir a unas conferencias sobre astronomía. Desde el primer momento me enamoré de la ciudad. El río Ebro atravesaba las calles con una calma hipnótica y el centro histórico parecía detenido en el tiempo.

El día que visité la catedral ocurrió algo inesperado. Mientras observaba las enormes columnas y las vidrieras iluminadas por la luz de la mañana, choqué accidentalmente con un chico que llevaba un libro sobre galaxias.

—Lo siento mucho —dije nerviosa.

—No pasa nada —respondió él sonriendo—. Creo que estaba demasiado distraído pensando en las estrellas.

 

Se llamaba Azael Korven. Era de Reikiavik, Islandia, y también trabajaba como astrónomo. Tenía el cabello rubio oscuro, ojos grises y una sonrisa tranquila que transmitía confianza. Además de inteligente, era amable y divertido.

—Parece que ambos vivimos mirando el cielo —comentó.

—Sí, aunque yo no esperaba encontrarme con alguien así aquí.

Él sonrió levemente.

Después de aquel encuentro, comenzamos a coincidir constantemente en los mismos lugares. Una tarde nos encontramos en el puente rojo, donde el río reflejaba las luces del atardecer. Otra mañana coincidimos en el Parque Municipal Teodor González, donde había una antigua máquina de tren. Me fascinó observar aquella locomotora vieja rodeada de árboles y flores.

—Parece salida de otra época —dije.

—Como algunas historias que nunca deberían terminar —respondió Azael mirándome.

Poco a poco empezamos a pasar más tiempo juntos. Visitamos el Museu de Tortosa, donde observamos objetos antiguos y fotografías que contaban la historia de la ciudad. Caminamos por el centro histórico admirando las calles estrechas, los balcones llenos de plantas y las pequeñas plazas silenciosas.

 

Lo que más me gustaba de Azael era su manera de ver el mundo. Siempre encontraba belleza en los pequeños detalles y hablaba del universo como si fuera un poema. Él decía que admiraba mi valentía y mi pasión por descubrir nuevos misterios del cielo.

Sin darme cuenta, me enamoré de él. Sin embargo, todo cambió una noche en el puente rojo. Vi a Azael abrazando a una mujer cerca del río. Parecían muy cercanos y sentí que el corazón se me rompía. Pensé que era su pareja.

 

Durante varios días intenté evitarlo, aunque seguíamos coincidiendo en los mismos lugares, como si Tortosa insistiera en unirnos.

Finalmente, él me encontró cerca de la catedral.

—Zaida, ¿por qué huyes de mí? —preguntó preocupado.

—No quiero interrumpir tu relación —respondí intentando parecer tranquila.

Azael me miró sorprendido.

—¿Relación? La mujer que viste era mi hermana. Llegó desde Islandia para visitarme.

Me quedé en silencio, avergonzada.

—Entonces… ¿no tienes novia?

Él sonrió suavemente.

—La única persona que ocupa mi corazón eres tú.

Sentí que el mundo entero se detenía. Caminamos juntos por las calles iluminadas de Tortosa mientras el viento movía suavemente el agua del río Ebro.

Aquella noche comprendí que algunas personas están destinadas a encontrarse, aunque vivan en diferentes partes del mundo.

 

Hoy seguimos viajando cada verano a Tortosa, la ciudad donde el destino decidió unir nuestras vidas bajo el mismo cielo lleno de estrellas.

FIN


Escrito por Jessica Bao Perez.

El lunes, 11, de mayo de 2026.

En Badalona.

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