“Rodoreda, un bosque”
Desde el 5 diciembre 2025 al 25 mayo 2026. En el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB).
En ella, se habla de la obra de Mercè Rodoreda (1908-1983), quién fue una famosa escritora de finales del siglo XX.
Mientras veía la muestra, he sentido como si cada palabra suya escondiera una sombra debajo. Entrar en su universo es como perderse en un bosque donde nada termina de ser del todo hermoso ni del todo terrible. Todo convive: la inocencia y la crueldad, la infancia y la muerte, la luz y una oscuridad espesa que siempre acecha detrás de las cosas más pequeñas.
Mientras recorría su obra, sentía que los temas se enredaban unos con otros como raíces bajo la tierra. Espiar, vigilar, ver morir, ahogarse, transformarse… Los mismos gestos reaparecen una y otra vez, como obsesiones que nunca descansan. También las casas, los jardines, las plazas vacías. Pero sobre todo los árboles. Siempre los árboles. Las flores, las ramas, las plantas salvajes creciendo donde nadie puede controlarlas.
Pensé en cómo la escritura de Rodoreda parece nacer de una herida. Del desarraigo, de la guerra, del exilio. Como troncos llenos de nudos oscuros que continúan creciendo pese al dolor. Y, aun así, en medio de tanta sombra, siguen apareciendo pájaros, semillas, cielos abiertos. Algo insiste en sobrevivir.
Me impresionó imaginar ese jardín de infancia junto al abuelo Gurguí coexistiendo con cactus indomables, glicinias gigantes y bosques de suicidas. Como si toda la belleza estuviera siempre contaminada por algo feroz. Quizás por eso su literatura se siente tan viva: porque nunca intenta separar el bien del mal, lo tierno de lo monstruoso.
Al final entendí que acercarse a Rodoreda no es simplemente leerla. Es aceptar entrar en un lugar donde todo se transforma continuamente y donde incluso las cosas más delicadas pueden volverse inquietantes. Y quizá también al revés.
Está muy bien, me ha parecido muy interesante, ya que, he leído muchas obras de ella y me encanta cómo escribía. ¡La recomiendo!







