domingo, 17 de mayo de 2026

¡¡Pelis 📽 de las tardes del finde!!

La búsqueda (2004)

Emitida ayer tarde, sábado, 16, de mayo de 2026, en cuatro.

El tesoro de los templarios, escondido por los fundadores de Estados Unidos, corre el peligro de caer en manos equivocadas. Ben Gates (Nicolas Cage) encuentra una pista que le acerca al botín: un mapa oculto en la mismísima declaración de independencia que revela su localización.

Está bien, muchas aventuras, intrigas y amor, pero muy larga. ¡Me gustó!


La búsqueda 2: el diario secreto (2007)

Emitida esta tarde, domingo, 17, de mayo de 2026, en cuatro.

El buscador de tesoros Ben Gates (Nicolas Cage) está decidido a probar la inocencia de su tatarabuelo, implicado injustamente en el asesinato de Abraham Lincoln cuando desapareció una página del diario del culpable. El investigador y su equipo emprenden un viaje para descubrir uno de los tesoros más buscados del mundo.

Está bien, muchas aventuras, intrigas y amor, pero muy larga. ¡Me gustó!

¡Poesía Día das Letras Galegas!

No sé escribir en gallego, pero el chat GPT sí, y quiero felicitar con este poema inventado, a Galicia y a su gente, la cual, parte, es mi familia.

¡¡¡Feliz Día de las Letras Gallegas!!!

Día das Letras Galegas

No Día das Letras Galegas,

fala o vento no pinar,
cada palabra en galego
é unha luz sobre o mar.

Cantemos á nosa terra,
á memoria e ao cantar,
porque un pobo que ama a lingua
nunca deixa de soñar.

¡¡Mi cuento para los Jocs Florals del CTO Aspace Badalona 2026!!

LA VILA DEL TEMPS

CONTE BREU

 

El dia que el rellotge de la plaça Major es va aturar, ningú no en va fer gaire cas. A la Vila de Pedra Clara, els rellotges feia temps que havien deixat de marcar l’hora exacta: s’avançaven per impaciència o s’endarrerien per nostàlgia. Només l’Isis, arxivera municipal i guardiana oficiosa de les petites coses, va notar que aquell silenci metàl·lic no era innocent. Va aixecar el cap dels pergamins, va sentir l’aire espès, com si el poble hagués retingut la respiració, i va comprendre que alguna cosa antiga demanava pas.

A Pedra Clara, les històries no morien; s’adormien. I l’Isis tenia el do —o la condemna— de despertar-les.

Aquella mateixa tarda, mentre endreçava un calaix que ningú no havia obert en dècades, va trobar una clau petita, rovellada, amb una etiqueta mig esborrada, que deia:

Per quan el temps s’aturi.

No constava a cap inventari. La clau semblava lleugera, però li pesava a la butxaca com una promesa.

El rellotge de la plaça, mut, projectava una ombra fixa sobre les lloses. Els veïns murmuraven: que si era culpa de la humitat, que si calia cridar un rellotger de la ciutat. L’Isis, en canvi, va caminar fins al vell molí del riu, abandonat des que una riuada s’havia endut mitja història del poble. Darrere d’una porta de fusta corcada hi havia un pany que mai no havia encaixat amb cap clau coneguda. Fins ara.

En girar-la, el molí va respirar. L’olor de farina antiga i d’aigua ferma va obrir un passadís de records: veus de dones cantant, mans blanques de pols, promeses fetes a mitja veu. Al centre, una roda immòbil esperava. A la paret, un mural mig esborrat representava el poble tal com havia estat i tal com podria haver estat: carrers que no es van construir, abraçades ajornades i paraules no dites.

—El temps no s’ha trencat —va dir una veu que semblava venir del riu—. S’ha cansat.

Era en Biel, l’antic moliner, o potser el record d’ell. L’Isis no va preguntar. Només  escoltava i mirava tot al seu voltant.

—Cada cop que heu callat una veritat per por, cada cop que heu preferit l’oblit a la memòria, la roda ha perdut un pas —va continuar la veu—. El rellotge només n’és el reflex.

L’Isis va entendre el preu: calia tornar a parlar. Calia tornar a escoltar. A sentir. Tornar a escriure. No amb tinta, sinó amb gestos amb paraules amables, fàcils i boniques. La jove va sortir del molí amb la clau a la mà i el cor en vetlla. Aquella nit va convocar el poble a la plaça. No va prometre miracles, només paraules.

Un a un, van parlar. La Maria va demanar perdó a la seva germana per una herència enverinada. En Jaume va confessar que havia fugit del primer amor per por de no ser estimat. L’Anna, la mestra, va admetre que havia ensenyat massa normes i poca llibertat. Les paraules, dites, van caure com pluja mansa. El rellotge va tremolar, però no va sonar.

L’Isis va tornar al molí. Va col·locar la clau a la roda i la va empènyer amb totes les forces que li quedaven. La roda va grinyolar, va resistir, i finalment va girar un sol cop. A fora, el rellotge va fer un “clinc” discret, com un sospir.

 

L’endemà, la plaça era plena de vida. El rellotge marcava una hora imperfecta, però viva. Ningú va preguntar com s’havia arreglat. A Pedra Clara, les coses importants no sempre necessitaven una explicació.

L’Isis va tornar a l’arxiu i va obrir un llibre en blanc. A la primera pàgina hi va escriure: “Crònica del dia que vam tornar a parlar”. No hi va posar noms, només actes. Sabia que el temps, ara, tornaria a avançar a la seva manera: amb pauses, amb salts i memòria.

Abans de tancar, va deixar la clau dins del llibre. No per tancar res, sinó per recordar que, quan el temps es cansés de nou, el poble hauria d’atrevir-se a parlar. I mentre el rellotge de la plaça seguís el seu batec irregular, Pedra Clara aprendria que viure, no és conservar el passat intacte, sinó tenir el cor obert, perquè el futur hi pugui entrar.

FI

 

 

Escrit per Jessica Bao Perez.

El dijous, 29, de gener de 2026.

A Badalona.

Presentat als Jocs Florals d’Aspace Badalona ’26.

¡¡Tercer libro 📙 de primavera 🌸!!

Mentira, de Juan Gómez-Jurado (2026)

Hoy, domingo, por la mañana, 17, de mayo: Día de las Letras Galegas, después de tres semanas, he acabado el último libro de uno de mis autores más favoritos, Juan Gómez-Jurado. Es el regalo que me hizo mi madre por Sant Jordi y es uno de mis autores favoritos.

Está dividida en tres partes y un epílogo, cada una tiene varios capítulos. Situada en Somiedo, Asturias. Cuenta la historia de Eva Ramos. Aunque, en realidad, no se llama así. Eva es una mentirosa profesional. Por una enfermedad rara que sufre Pablo, su hermano, Eva se ve obligada a recurrir al Barón.

El Barón, este hombre extraño y sin escrúpulos, la “entrenará” para mentir a todo el mundo y así poder ganar mucho dinero. Dinero que necesita para pagar el tratamiento que curará a Pablo. Para ello, Eva se ve involucrada en un grupo de mafiosos, por encargo del Barón. Y atrapada en una nevada monumental, en Somiedo, dónde, de repente y desde que llegó, no paran de morir los pocos vecinos que quedan.

Está súper bien, intrigante a más no poder, suspense, novela negra y relatado en primera persona, por la personaje protagonista, Eva, que es lo que me encanta. ¡Lo tiene todo! ¡Te lo recomiendo al 100%1.000!

sábado, 16 de mayo de 2026

¡¡Cuento 164 🖋 escrito por mí!!

UN VERANO EN TORTOSA

CUENTO BREVE

 

Nunca pensé que un verano pudiera cambiar el rumbo de mi vida. Me llamo Zaida Mirev, nací en Marrakech y trabajo como astrónoma en un observatorio de Marruecos. Tengo el cabello largo y negro, ojos oscuros y una piel morena que siempre se broncea con facilidad bajo el sol. Aunque muchos creen que soy fría por mi manera seria de hablar, en realidad soy una persona curiosa, soñadora y muy sensible.

Aquel verano viajé sola a Tortosa para asistir a unas conferencias sobre astronomía. Desde el primer momento me enamoré de la ciudad. El río Ebro atravesaba las calles con una calma hipnótica y el centro histórico parecía detenido en el tiempo.

El día que visité la catedral ocurrió algo inesperado. Mientras observaba las enormes columnas y las vidrieras iluminadas por la luz de la mañana, choqué accidentalmente con un chico que llevaba un libro sobre galaxias.

—Lo siento mucho —dije nerviosa.

—No pasa nada —respondió él sonriendo—. Creo que estaba demasiado distraído pensando en las estrellas.

 

Se llamaba Azael Korven. Era de Reikiavik, Islandia, y también trabajaba como astrónomo. Tenía el cabello rubio oscuro, ojos grises y una sonrisa tranquila que transmitía confianza. Además de inteligente, era amable y divertido.

—Parece que ambos vivimos mirando el cielo —comentó.

—Sí, aunque yo no esperaba encontrarme con alguien así aquí.

Él sonrió levemente.

Después de aquel encuentro, comenzamos a coincidir constantemente en los mismos lugares. Una tarde nos encontramos en el puente rojo, donde el río reflejaba las luces del atardecer. Otra mañana coincidimos en el Parque Municipal Teodor González, donde había una antigua máquina de tren. Me fascinó observar aquella locomotora vieja rodeada de árboles y flores.

—Parece salida de otra época —dije.

—Como algunas historias que nunca deberían terminar —respondió Azael mirándome.

Poco a poco empezamos a pasar más tiempo juntos. Visitamos el Museu de Tortosa, donde observamos objetos antiguos y fotografías que contaban la historia de la ciudad. Caminamos por el centro histórico admirando las calles estrechas, los balcones llenos de plantas y las pequeñas plazas silenciosas.

 

Lo que más me gustaba de Azael era su manera de ver el mundo. Siempre encontraba belleza en los pequeños detalles y hablaba del universo como si fuera un poema. Él decía que admiraba mi valentía y mi pasión por descubrir nuevos misterios del cielo.

Sin darme cuenta, me enamoré de él. Sin embargo, todo cambió una noche en el puente rojo. Vi a Azael abrazando a una mujer cerca del río. Parecían muy cercanos y sentí que el corazón se me rompía. Pensé que era su pareja.

 

Durante varios días intenté evitarlo, aunque seguíamos coincidiendo en los mismos lugares, como si Tortosa insistiera en unirnos.

Finalmente, él me encontró cerca de la catedral.

—Zaida, ¿por qué huyes de mí? —preguntó preocupado.

—No quiero interrumpir tu relación —respondí intentando parecer tranquila.

Azael me miró sorprendido.

—¿Relación? La mujer que viste era mi hermana. Llegó desde Islandia para visitarme.

Me quedé en silencio, avergonzada.

—Entonces… ¿no tienes novia?

Él sonrió suavemente.

—La única persona que ocupa mi corazón eres tú.

Sentí que el mundo entero se detenía. Caminamos juntos por las calles iluminadas de Tortosa mientras el viento movía suavemente el agua del río Ebro.

Aquella noche comprendí que algunas personas están destinadas a encontrarse, aunque vivan en diferentes partes del mundo.

 

Hoy seguimos viajando cada verano a Tortosa, la ciudad donde el destino decidió unir nuestras vidas bajo el mismo cielo lleno de estrellas.

FIN


Escrito por Jessica Bao Perez.

El lunes, 11, de mayo de 2026.

En Badalona.

¡¡Cuento 163 🖋 escrito por mí!!

                                UN VERANO EN LA RÀPITA

CUENTO BREVE

 

Nunca imaginé que un viaje pudiera cambiar mi vida para siempre. Me llamo Amanda Velkaris y trabajo como capataz en una empresa de construcción en Argentina. Soy alta, de piel morena, cabello rizado y oscuro, y tengo unos ojos marrones que siempre parecen cansados por tantas horas de trabajo. Aunque muchos me consideran una mujer fuerte y estricta, en realidad soy muy sensible y me preocupo demasiado por los demás.

 

Aquel verano decidí viajar sola a La Ràpita para desconectar de mi rutina. Desde el primer momento quedé fascinada por el puerto, donde las barcas se mecían lentamente sobre el agua azul y el olor a mar llenaba el aire. También recorrí el centro histórico, lleno de calles estrechas y edificios antiguos que parecían guardar historias secretas.

 

El día que visité la catedral ocurrió algo inesperado.

 

Mientras observaba las vidrieras de colores, choqué accidentalmente con un chico que llevaba un cuaderno lleno de dibujos de estrellas.

 

—Lo siento mucho —dije rápidamente.

 

—No te preocupes —respondió él sonriendo—. Creo que las estrellas me distraen demasiado.

 

Se llamaba Bray Norvind. Era sueco y trabajaba como astrónomo en un observatorio de Noruega. Tenía el cabello rubio claro, ojos azules y una sonrisa tranquila que transmitía confianza. Además de inteligente, era amable y muy paciente.

 

—¿Te gustan las estrellas? —le pregunté.

 

—Son mi vida —respondió—. Pero creo que hoy encontré algo más interesante.

 

Sentí cómo mis mejillas se calentaban.

 

Durante los días siguientes seguimos coincidiendo una y otra vez en los mismos lugares. Primero en el puerto, después en una pequeña cafetería del centro histórico y más tarde frente a la catedral. Parecía imposible no encontrarnos.

 

Una tarde caminamos juntos junto al mar mientras el sol comenzaba a esconderse.

 

—Lo que más me gusta de La Ràpita es la tranquilidad —dijo Bray.

 

—A mí me gusta sentir que aquí el tiempo va más despacio.

 

Él me miró sonriendo.

 

—Y también me gusta hablar contigo.

 

Poco a poco empezamos a conocernos mejor. Yo admiraba su inteligencia y la pasión con la que hablaba del universo. Él decía que le gustaba mi valentía y mi capacidad para enfrentar cualquier problema sin rendirme.

 

Visitamos muchos lugares juntos. Desde el puerto observábamos las barcas iluminadas por el atardecer. En la catedral contemplábamos las antiguas paredes de piedra y las luces de colores que atravesaban las vidrieras. El centro histórico parecía mágico por las noches, con sus plazas silenciosas y faroles encendidos.

 

Sin darme cuenta, me enamoré de él.

 

Pero cuando todo parecía perfecto, ocurrió un malentendido.

 

Una noche vi a Bray abrazando a una chica frente al puerto. Parecían muy cercanos y pensé que era su novia. Sentí una enorme tristeza y decidí alejarme.

 

Durante varios días evité verlo, aunque seguíamos coincidiendo en los mismos lugares. Finalmente, él me encontró cerca de la catedral.

 

—Amanda, ¿qué ocurre contigo? —preguntó preocupado.

 

—No quiero interrumpir tu relación —respondí intentando ocultar mis lágrimas.

 

Bray me miró confundido.

 

—¿Relación? La chica que viste es mi prima. Vino desde Dinamarca para visitarme unos días.

 

Me quedé inmóvil.

 

—Entonces… ¿no tienes novia?

 

Él sonrió suavemente.

 

—La única persona que me importa de verdad eres tú.

 

Sentí que el corazón me latía tan fuerte como las olas golpeando el puerto. Bray tomó mi mano y caminamos juntos por las calles iluminadas de La Ràpita.

 

Aquel verano comprendí que el amor puede aparecer cuando menos lo esperas, incluso entre personas que viven en extremos distintos del mundo.

 

Hoy seguimos viajando cada verano a La Ràpita, el lugar donde nuestras vidas coincidieron una y otra vez hasta unirnos para siempre.

 

FIN 

Escrito por Jessica Bao Perez.

El lunes, 11, de mayo de 2026.

En Badalona.

¡¡Cuento 162 🖋 escrito por mí!!

 UN VERANO EN AMPOSTA

CUENTO BREVE

 

Nunca pensé que un verano pudiera cambiarme la vida. Me llamo Michelle Zarev, tengo el cabello negro y ondulado, ojos verdes y una pequeña cicatriz en la ceja izquierda que conseguí trabajando como guardia de seguridad en un museo de Londres. Siempre fui una mujer seria y responsable, aunque en el fondo soy muy sensible y soñadora.

 

Después de años trabajando sin descanso, decidí viajar sola a Amposta para descansar unas semanas y conocer aquel rincón del mundo del que tanto había oído hablar.

El primer día paseé por el centro histórico. Las calles eran tranquilas y cálidas, llenas de balcones con flores y cafeterías pequeñas donde el aroma a café se mezclaba con la brisa del río Ebro. Me detuve frente a la catedral y observé sus paredes antiguas iluminadas por el sol de la tarde. Sentí una paz extraña. Mientras tomaba fotografías, choqué accidentalmente con alguien.

—¡Perdón! —dije nerviosa.

—No pasa nada —respondió él con una sonrisa.

Era Brayan Volkov. Alto, de cabello castaño claro y ojos color miel. Tenía un aspecto elegante, pero sencillo. Más tarde descubrí que trabajaba como químico en una empresa de Canadá y que estaba en Amposta por un congreso científico. Lo que más me sorprendió fue su manera tranquila de hablar y la amabilidad con la que miraba a las personas.

—Parece que este lugar tiene la costumbre de hacer que la gente se encuentre —dijo riendo.

 

Nos despedimos, pero al día siguiente coincidimos otra vez en el puente Penjat. El cielo estaba anaranjado y el río reflejaba la luz como si fuera un espejo gigante.

—Otra vez tú —comentó Brayan divertido.

—Empiezo a pensar que me estás siguiendo.

—O quizá Amposta quiere que seamos amigos.

Caminamos juntos observando el puente. Las estructuras metálicas parecían gigantes dormidos sobre el río. Él me contó historias sobre sus viajes y yo le hablé de mi trabajo como guardia.

—Debes ser muy valiente —dijo.

—No siempre. A veces sólo aparento ser fuerte.

Brayan sonrió con ternura.

Lo que más me gustaba de él era que escuchaba con atención. Nunca interrumpía y parecía entender mis silencios. Más tarde me confesó que admiraba mi determinación y mi forma de proteger a los demás.

Durante las semanas siguientes seguimos coincidiendo en los mismos lugares: la plaza del ayuntamiento, las calles del centro histórico y la catedral. Parecía imposible no encontrarnos.

 

Una tarde visitamos nuevamente la catedral. Las campanas sonaban mientras los rayos de sol atravesaban las vidrieras de colores.

—Este lugar parece mágico —susurré.

—No tanto como tú —respondió él.

Sentí que el corazón me latía con fuerza.

Sin embargo, cuando todo parecía perfecto, ocurrió un malentendido. Una noche vi a Brayan cenando con una mujer muy elegante en una terraza cercana al río. Él parecía sonreírle con cariño y pensé que era su pareja. Me marché sin que me viera.

Durante dos días evité encontrarme con él. Pero, como siempre, coincidimos otra vez en el puente Penjat.

—Michelle, ¿por qué huyes de mí? —preguntó preocupado.

—No quiero interrumpir tu relación.

Brayan abrió mucho los ojos.

—¿Relación? La mujer que viste era mi hermana. Vino desde Suiza para visitarme.

Me quedé en silencio, avergonzada.

—Pensé que… bueno… que estabas enamorado de ella.

Brayan soltó una carcajada.

—La única persona de la que estoy enamorado eres tú.

Sentí que el mundo entero se detenía. Entonces me tomó de la mano mientras el viento movía suavemente el agua del río.

Aquella noche caminamos juntos por Amposta. Las luces iluminaban las calles y el puente parecía más hermoso que nunca. Comprendí que no importaba que viniéramos de lugares distintos del mundo; habíamos encontrado algo especial en aquel pequeño rincón junto al Ebro.

 

Antes de regresar a Londres, Brayan me abrazó frente a la catedral.

—Esto no será un adiós —me dijo—. Será el comienzo.

Y tenía razón. Meses después, él se mudó a Europa y seguimos viajando juntos cada verano a Amposta, el lugar donde nuestras vidas coincidieron una y otra vez hasta convertirnos en una historia de amor.

FIN

Escrito por Jessica Bao Perez.

El lunes, 11, de mayo de 2026.

En Badalona.