EL LIBRO DE LOS MUNDOS
El sol se ocultaba tras los tejados de la ciudad vieja, tiñendo el cielo de un tono lavanda. En la esquina de la calle Olvido, la librería de Don Mateo ya se preparaba para cerrar, pero un libro en particular tenía otros planes.
Se llamaba *El Atlas de los Lugares Inexistentes*. No era un libro común; sus páginas de pergamino grueso albergaban mapas de islas que cambiaban de forma, ciudades flotantes y bosques donde los árboles hablaban en susurros. Llevaba tres años atrapado en el estante superior, acumulando polvo y aburriéndose soberanamente.
Esa tarde, una ráfaga de viento caprichosa entró por la ventana entreabierta. El Atlas se sacudió, estiró su lomo de cuero y, con un crujido audaz, se dejó caer al suelo.
Al abrirse de golpe, un hilo de neblina dorada comenzó a brotar de la página 42 (la que contenía el mapa de *El Valle del Tiempo Lento*). En cuestión de minutos, la alfombra de la librería desapareció bajo un manto de hierba luminosa y el techo pareció desvanecerse, revelando un cielo estrellado que no pertenecía a este mundo.
Don Mateo, que salía de la trastienda con una taza de té, se detuvo en seco. Los duendes del polvo bailaban en el aire y un pequeño dragón de bolsillo, del tamaño de un lagarto, asomaba la cabeza desde el mapa de una cordillera helada.
El viejo librero pestañeó, dejó la taza a un lado y sonrió de medio lado.
—Vaya —susurró, ajustándose las gafas—. Conque hoy nos vamos de viaje.
En lugar de asustarse, se sentó en el suelo, cruzó las piernas y comenzó a hojear el libro con cuidado. Esa noche, la librería de la calle Olvido no cerró. Permaneció abierta para todos los mundos que insistían en ser reales, al menos mientras alguien tuviera el valor de leerlos.
FIN
Escrito por Jessica Bao Perez.
El domingo, 19, de julio de 2026
En Badalona.



