ESCRIBO, LUEGO EXISTO
Si no leemos, no sabemos escribir y si no sabemos escribir, no sabemos pensar.
sábado, 12 de septiembre de 2026
¡¡Peli 📽 noche 🌃 Diada del 11-S!!
viernes, 11 de septiembre de 2026
¡¡Nuevo cuento escrito por ✍ por mí!!
UN VERANO EN SALOU
CUENTO BREVE
El mar
Mediterráneo tiene el don de pausar el reloj de quienes vivimos con el tiempo
medido en minutos. Me llamo Paty Quirós, nací en la inmensa ciudad de Nueva
York y, a mis treinta y cuatro años, ejerzo como enfermera en una concurrida
clínica de medicina general de Manhattan. Físicamente soy de estatura media,
con el cabello rizado muy corto y gafas oscuras de pasta; internamente me
defino como una persona profundamente empática, resolutiva, acostumbrada a
cuidar a los demás y con una aguda capacidad de observación. Tras varios meses
agotadores en el centro médico, decidí refugiarme durante las vacaciones de
agosto en la dorada costa de Salou.
El primer día,
mientras admiraba los surtidores de agua de la Fuente Luminosa en el final del
Paseo Jaime I, me crucé por primera vez con un desconocido. Volví a verlo dos
horas después paseando entre las sombras de las palmeras reales y, por tercera
vez al atardecer, junto al Espigón del Muelle frente al Monumento al Pescador.
El destino
parecía caprichoso. Él se llamaba Kenai Vinter y venía de Reikiavik, la capital
de Islandia. A sus treinta y ocho años, desempeñaba una labor tan inusual como
cautivadora: era taxidermista de minerales e hidrogeólogo, especializado en la
extracción, limpieza y conservación de formaciones cristalinas subterráneas.
Kenai era alto, de tez tostada por el sol de sus expediciones, hombros anchos y
una mirada verde sumamente tranquila que destacaba tras su barba espesa. Por
dentro era un hombre callado, excesivamente metódico, analítico y dotado de una
honestidad sincera.
Coincidir cuatro
veces en un mismo día superaba cualquier cálculo de probabilidades. La quinta
coincidencia ocurrió frente a la Torre Vella, un imponente fortín del siglo XVI
donde se exhibían muestras de arte local.
—Creo que el
mapa de Salou es demasiado pequeño o las corrientes marinas insisten en
cruzarnos, Paty —me dijo Kenai dibujando una sonrisa serena mientras
observábamos la piedra centenaria del edificio.
—En mi clínica
dirían que se trata de una estadística fascinante —respondí riendo—. Pero
reconozco que me alegra encontrarme contigo.
A partir de
aquel instante decidimos explorar la zona juntos. Nos enamoramos en las horas
compartidas. A mí me maravillaba su serenidad científica, su paciencia para
explicarme cómo la erosión del agua moldeaba los acantilados del Camino de
Ronda y el contraste de su mente analítica con mi día a día entre urgencias
sanitarias. A él, según me confesó mientras cenábamos un excelente arroz a la
marinera en un restaurante junto al puerto deportivo de Salou, le encandilaba
mi vitalidad, mi instinto protector hacia el ser humano y la calidez contagiosa
con la que abordaba cualquier tema.
Recorrimos los
principales rincones turísticos de la localidad. Paseamos por la arena dorada
de la Playa de Llevant, compramos embutidos artesanales y aceite de oliva en el
Mercado Municipal y visitamos pequeñas tiendas del casco antiguo para adquirir
recuerdos. Llegamos incluso hasta la cima del Faro de Salou para contempla la
inmensidad del horizonte.
Sin embargo, el
sexto día la intriga irrumpió en nuestro romance. Mientras descansábamos en una
cafetería del Paseo de las Palmeras, a Kenai se le cayó una carpeta de mano. Al
ayudarle a recoger las hojas, vi un folio con el sello de mi clínica de medicina
general de Nueva York, junto con la dirección de mi hotel en Salou y mi turno
de guardias anotado al detalle.
La desconfianza
propia de quien vive en una gran metrópoli me encendió las alarmas. ¿Acaso me
había estado investigando de antemano?
—Kenai, ¿de
dónde has sacado este documento? —pregunté tratando de mantener la compostura,
mostrándole las anotaciones con firmeza—. Esto incluye datos privados de mi
trabajo en Nueva York. ¿Me estás siguiendo?
Kenai no se
inmutó ni mostró culpa alguna; sus ojos verdes reflejaron una honestidad
absoluta.
—Paty, permíteme
aclararlo. El primer día, en la terraza junto al puerto, olvidaste tu
acreditación médica del hospital junto a tu agenda personal sobre la mesa antes
de desplazarte en tu silla de ruedas hacia el paseo. Corrí para darte alcance,
pero te perdí entre la multitud. Al abrir la agenda para buscar el contacto de
la clínica o tu alojamiento, anoté esos datos en una hoja para poder
entregártela en la recepción de tu hotel. Tu acreditación original y tu agenda
están depositadas a salvo en la conserjería de tu hotel desde la primera
mañana. Solo guardaba este borrador para asegurarme de darte una sorpresa
entregándote un mineral grabado antes de que regresaras a Estados Unidos.
La explicación
encajaba punto por punto con la lógica y la prudencia que caracterizaban a
Kenai. El enredo y la sospecha quedaron disueltos en un instante, transformados
en un sentimiento entrañable.
Nuestra última
noche transcurrió en el mirador de la Cala Penya Tallada, con la brisa nocturna
acariciando el acantilado y el murmullo de las olas de Salou en el fondo.
—Tú debes
regresar al ritmo acelerado de Nueva York y yo a la quietud de Reikiavik
—expresó Kenai tomando suavemente mis manos—. Pero ni la distancia entre dos
continentes ni el trabajo van a enfriar lo que ha nacido aquí.
—En el hospital
curamos el cuerpo, pero este verano tú has alimentado mi alma —le respondí
sonriendo bajo la luz de la luna—. Organizaremos los turnos y los viajes.
Ningún océano es demasiado ancho cuando hay un motivo para cruzarlo.
Nos fundimos en
un beso sincero frente a la costa del Mediterráneo, convencidos de que las
vacaciones terminaban, pero nuestra aventura apenas comenzaba.
FIN
Escrito por Jessica Bao
Perez.
El viernes, 11, de
septiembre de 2026.
En Badalona.
jueves, 10 de septiembre de 2026
¡¡Nuevo cuento escrito por mí 🖋!!
UN VERANO EN CAMBRILS
CUENTO BREVE
El aire cálido
del Mediterráneo traía consigo un aroma inconfundible a sal y a pino seco. Yo,
Swamda Völundardóttir, con mis treinta y cuatro años a cuestas, buscaba un
respiro lejos del invierno eterno de Reikiavik, mi ciudad natal. Llevaba mi
melena cobriza recogida en un moño desordenado y mis ojos verdes atentas a los
destellos del mar. Como astróloga, mi profesión exige una observación minuciosa
y una intuición afinada; internamente me considero una persona serena pero de
pensamiento reflexivo, reservada y a veces proclive a sobre analizar las
coincidencias.
El primer día en
Cambrils, mientras paseaba por el puerto pesquero observando las embarcaciones
tradicionales, tropecé al doblar la esquina hacia el Club Náutico. Un hombre
alto, de mirada pausada y tez tostada por el sol, amortiguó mi caída. Se
trataba de Jonatan Yamashita, un hombre de treinta y ocho años nacido en Kioto
que trabajaba como restaurador de pecios antiguos. Jonatan transmitía una calma
casi magnética; físicamente destacaba por sus hombros anchos, sus manos
curtidas marcadas por el trabajo técnico y unos ojos oscuros expresivos.
Internamente era metódico, pragmático y dotado de un fino sentido del humor.
—Disculpa el
impacto —dijo él sosteniendo mis hombros con delicadeza—. Parece que la marea
nos ha empujado a la misma orilla.
—El despiste ha
sido mío —respondí sonriendo—. Los mapas celestes no prevén los tropiezos
terrenales.
Aquello fue solo
el comienzo. Parecía que el callejero de Cambrils estuviera diseñado para
cruzarnos constantemente. Volví a encontrarlo por la mañana mientras compraba
fruta fresca y aceite de oliva local en el Mercat Municipal. Más tarde,
caminando por la avenida Diputació, donde las Palmeras escoltan el carril bici
bordeando la playa del Regueral, él caminaba en mí misma dirección. Decidimos
comer juntos en un restaurante del paseo marítimo, degustando un exquisito
arroz negro y un pescado fresco a la marinera mientras veíamos las olas romper.
—Me fascina tu
capacidad para leer patrones en lo que parece caos —me confesó Jonatan mientras
caminábamos hacia la Villa Romana de La Llosa, un yacimiento arqueológico
rodeado de columnas de piedra ancestrales que visitamos fascinados—. Yo me
dedico a unir fragmentos del pasado bajo el agua, pero tú buscas el futuro en
el firmamento.
—Y a mí me
impresiona tu paciencia —repliqué observando el contraste de sus manos rudas
sosteniendo con cuidado una postal—. Hay una nobleza muy particular en
devolverle la vida a barcos que el mar intentó olvidar.
Nos enamoramos
entre paseos al atardecer, admirando la arquitectura defensiva de la Torre de
la Esquirol y perdiéndonos por los callejones antiguos del barrio de la Vila,
comprando recuerdos artesanales en las tiendas del casco viejo. Me enamoró su
solidez, la forma en que escuchaba mis extensos análisis astrológicos sin
juzgarme y su mirada franca. A él le encandiló mi curiosidad inagotable y mi
risa espontánea ante la monotonía.
Sin embargo, el
misteriose llegó una tarde en la plaza de la Villa. Jonatan dejó caer por
accidente su cuaderno de notas. Al recogerlo para devolvérselo, una hoja suelta
llamó mi atención: era un plano detallado con anotaciones sobre la estructura
interior del histórico Faro Rojo de Cambrils, acompañado de horarios de
seguridad marcados en rojo y una fecha: la de esa misma noche.
La sospecha me
oprimió el pecho. ¿Un restaurador de pecios estudiando accesos no autorizados a
un monumento náutico activo? Durante unas horas, la lógica me decía que Jonatan
no era quien decía ser, sino alguien involucrado en algún tráfico ilícito de piezas
arqueológicas o un saboteador.
Decidí
confrontarlo al anochecer en el Parque del Pescador, rodeados por la vegetación
mediterránea y el suave murmullo de los estanques.
—Jonatan,
necesito que seas honesto —dije mostrándole la hoja sin rodeos—. Sé que el
rigor de tu trabajo es extremo, pero ¿por qué guardas estos esquemas de
seguridad del faro?
Jonatan guardó
silencio un segundo, parpadeó sorprendido y luego dejó escapar una carcajada
limpia que disipó al instante la tensión.
—Swamda, no soy
ningún infiltrado —explicó sacando de su bolsillo un documento oficial con el
sello del municipio—. El ayuntamiento me ha contratado para liderar la
restauración de la antigua linterna marina del faro este otoño. Esos horarios
son las ventanas de tiempo que me han concedido para inspeccionar el mecanismo
sin interrumpir la señal marítima.
El lío mental
que me había construido se desmoronó por completo ante la aplastante y sencilla
realidad. Me eché a reír avergonzada por mis desmedidas dotes de deducción.
—Supongo que las
estrellas hoy no estaban muy alineadas con mi intuición —admití tomándole las
manos.
—O quizás sí
—respondió él acercándose para darme un beso bajo la luz dorada del faro—. Te
han traído exactamente al lugar donde tenías que estar.
Aquel verano en
Cambrils no solo nos enseñó la belleza de la Costa Daurada, sino también que
cuando dos trayectorias distantes coinciden con la fuerza adecuada, el mapa del
destino se dibuja solo.
FIN
Escrito por Jessica Bao
Perez.
El jueves, 10, de
septiembre de 2026.
En Badalona.
miércoles, 9 de septiembre de 2026
¡Peli 📽 en el cto Aspace Badalona!
jueves, 3 de septiembre de 2026
¡¡Quinto libro 📙 del verano 🏖 !!
Misión Olvido, de María Dueñas. (2018)
Hoy, jueves, 3 de septiembre, después
de una semana y cuatro días, he acabado de leer mi quinto libro del verano:
“Misión Olvido”, de María Dueñas. Me lo compró mi madre, en el Carrefour de La Maquinista.
Está dividido en 45 capítulos,
basado en el año 1999, del s.XX. Cuenta la historia de la profesora Blanca
Perea, quién, tras haberse divorciado, hace años, se entera de que su exmarido,
va a ser padre, de nuevo, con su nueva mujer. Cosa, que no quiso repetir, por
tercera vez, con Blanca. Esta situación lleva a la profesora a aceptar un
tedioso proyecto académico en una insignificante universidad californiana de la
ciudad de Santa Cecília.
El campus que la acoge resulta,
sin embargo, mucho más seductor de lo previsto. La tarea de Blanca, será la catalogación
del legado de su viejo compatriota Andrés Fontana, la cual, dista enormemente
de ser tan insustancial como prometía. Y entretanto, Blanca conoce al
carismático profesor y compañero, Daniel Carter, quién, entra en su vida, y todo
adquiere una nueva dimensión. Ya que, durante la catalogación de las cartas y
documentos de Andrés, descubre la relación de amistad, entre Daniel y Andrés.
Está muy bien, porque habla un poco de todo: amores cruzados, certezas a medias e intereses silenciados que acabarán por salir a la luz. Desde los viejos franciscanos que fundaron las míticas misiones californianas a los hispanistas y escritores exiliados que a pesar de la nostalgia nunca lograron regresar. Con todos ellos entreverados en la propia historia de Blanca, “Misión Olvido” compone una narración intrigante, emotiva e intensamente humana. ¡Me ha gustado mucho!
martes, 1 de septiembre de 2026
¡Nuevo cuento escrito por mí!
EL ARCHIVO DE LEO
CUENTO BREVE
Leo recorrió con la yema del dedo el esquema de nodos y
conexiones trazado en su bitácora. A sus treinta años, como ingeniero de
sistemas de asistencia, la autonomía no era una abstracción ni una casualidad:
era un problema de arquitectura que requería soluciones precisas.
—Si sigues apretando el trazo de ese algoritmo, vas a
traspasar el papel —comentó Dainara, apoyándose en el quicio de la puerta de la
terraza con dos tazas de café humeante.
Leo alzó la cabeza, acomodándose las gafas con un gesto
pausado mientras sostenía el cuaderno abierto frente a ella.
—No es solo un algoritmo, Dainara. Es la arquitectura de
control de la interfaz —explicó Leo, señalando la red geométrica de la página—.
La telemetría que instalé en el joystick responde bien, pero si quiero integrar
el módulo hidrodinámico para la tabla de surf adaptada, necesito que el sistema
filtre las perturbaciones del oleaje en tiempo real.
Dainara dejó una de las tazas sobre la mesa auxiliar, junto
a una mochila de cuero desgastado que reposaba cerca de las jardineras. Echó un
vistazo al boceto de la esquina superior, donde Leo aparecía sobre una ola,
maniobrando con un panel digital.
—Te conozco desde la facultad, Leo, y sigues empeñado en
parametrizar el mar —dijo ella con una media sonrisa—. ¿Y el vector del avión?
Supongo que es la ruta de esta tarde.
—A las tres en punto —confirmó él, deslizando el pulgar
sobre la pantalla táctil integrada en el reposabrazos para ejecutar la prueba
de diagnóstico—. Presento la patente del sistema de navegación contextual en la
cumbre de accesibilidad. Si la comisión valida la arquitectura de la red, la
semana que viene probamos el prototipo en mar abierto.
—El Atlántico no suele ser un entorno muy tolerante con los
errores de código —advirtió Dainara, observando el horizonte.
—El código está blindado —replicó Leo con serenidad,
cerrando el cuaderno de un firme movimiento—. La tecnología no está para
esquivar el entorno, sino para devolvernos la libertad que la infraestructura
nos resta.
El estruendo sordo de un reactor cruzó el cielo costero.
Ambos levantaron la vista hacia la silueta metálica que ascendía entre las
nubes.
—Hardware, sensores de repuesto y la bitácora técnica —dijo
Leo, señalando la mochila de piel—. Todo empaquetado con precisión milimétrica.
—¿Listo para la prueba de estrés? —preguntó Dainara.
—Siempre —sonrió Leo, activando el motor de su silla—. El
modelo teórico ya está terminado; ahora toca medir la resistencia en el mundo
real.
FIN
Escrito por Jessica Bao
Perez.
El martes, 1, de septiembre
de 2026.
En Badalona.





