¡¡Espero que os guste y lo disfrutéis!!
EL ÚLTIMO VIÑEDO
CUENTO BREVE
La luz ámbar del
otoño se filtraba entre los viñedos secos, tiñendo las colinas de un dorado
melancólico. Nara, una mujer de mediana edad con el rastro de la fatiga en sus
ojos, caminaba despacio por el sendero de tierra. Un poste de madera,
desgastado por el tiempo y el clima, se alzaba a su lado, como un centinela
mudo de la soledad que la rodeaba. Sus pasos eran la única música en ese
silencio, excepto por el crujido de las hojas secas bajo sus pies.
La casa de
piedra en la distancia era su destino. Había pertenecido a su abuela, el lugar
de sus veranos más felices. Ahora, tras años de ausencia y una serie de malas
decisiones, era todo lo que le quedaba. Regresar no había sido un plan, sino un
escape. Un escape de una ciudad que la asfixiaba, de un trabajo que la vaciaba
y de una relación que se había marchitado como las uvas en la vid.
Mientras se
acercaba a la casa, Nara recordó el olor de las uvas pisadas, el sabor dulce
del mosto y el sonido de las risas. Pero ahora, la casa estaba vacía, las
ventanas como ojos sin alma. En el interior, el polvo se había apoderado de
todo. Muebles cubiertos con sábanas blancas, fotos familiares que contaban una
historia que ella había olvidado.
Nara pasó los
días limpiando y reparando. Se sumergió en el trabajo físico, esperando que el
sudor y la fatiga borraran el peso de su pasado. Pero el silencio de la casa
era ensordecedor. Por las noches, la soledad se filtraba por las grietas de los
muros de piedra, como un invitado no deseado.
Una tarde,
mientras trabajaba en el viñedo descuidado, Nara encontró una vieja libreta de
su abuela. Entre sus páginas, encontró poemas escritos a mano, recetas de vino
y reflexiones sobre la vida y el paso del tiempo. Las palabras de su abuela,
llenas de sabiduría y amor, resonaron en su corazón.
El tiempo pasó,
y Nara empezó a encontrar consuelo en la soledad. El viñedo, una vez un símbolo
de pérdida, se convirtió en su refugio. Con la ayuda de un vecino anciano,
aprendió a cuidar las vides y a hacer su propio vino. La casa de piedra, una
vez un recordatorio de la muerte, se convirtió en un hogar.
Una tarde,
mientras estaba en el viñedo, Nara vio a un hombre caminando por el sendero de
tierra. Llevaba una chaqueta marrón, como el hombre de la foto que la abuela
había guardado en su libreta. Nara sonrió. El tiempo había traído a alguien
nuevo a su vida.
El último viñedo, una vez un lugar de soledad, se convirtió en un lugar de renacimiento. Nara, una mujer que había estado perdida, encontró su camino de vuelta a casa.
FIN
Escrito por Jessica Bao
Perez.
El viernes, 25, de septiembre
de 2026.
En Badalona.
Inventado e inspirado en esta imagen:







