sábado, 12 de septiembre de 2026

¡¡Peli 📽 noche 🌃 Diada del 11-S!!

Sin instrucciones (2024)

Emitida anoche, viernes, 11, de septiembre de 2026, en antena 3.

Es un remake de la película francesa "Mañana empieza todo" de 2016, la cual, también he visto y es la misma historia que ésta.

Leo (Paco León) es un tipo soltero y mujeriego que vive al día en una pequeñísima población de playa en una isla Canaria. Su placentera existencia se ve trastornada cuando llega de Bilbao una de sus antiguas aventuras, Julia (Silvia Alonso), que deja en sus brazos a una bebé de pocos meses asegurando que es su hija, y desaparece abandonando a los dos. Incapaz de cuidar de la bebé y decidido a devolverla a su madre, Leo viaja a Bilbao, pero sus esfuerzos por encontrar a Julia terminan en fracaso. Ocho años después, la niña, Alba (Maia Zaitegi), crece junto a su padre llevando una vida divertida llena de afecto y amor, cuando Julia reaparece en sus vidas con la intención de arrebatar a Leo la custodia de su hija.

Está muy bien, muy buena, muy humana, divertida y familiar, aunque, un poco triste. ¡Me gustó mucho!

viernes, 11 de septiembre de 2026

¡¡Nuevo cuento escrito por ✍ por mí!!

UN VERANO EN SALOU

CUENTO BREVE

El mar Mediterráneo tiene el don de pausar el reloj de quienes vivimos con el tiempo medido en minutos. Me llamo Paty Quirós, nací en la inmensa ciudad de Nueva York y, a mis treinta y cuatro años, ejerzo como enfermera en una concurrida clínica de medicina general de Manhattan. Físicamente soy de estatura media, con el cabello rizado muy corto y gafas oscuras de pasta; internamente me defino como una persona profundamente empática, resolutiva, acostumbrada a cuidar a los demás y con una aguda capacidad de observación. Tras varios meses agotadores en el centro médico, decidí refugiarme durante las vacaciones de agosto en la dorada costa de Salou.

El primer día, mientras admiraba los surtidores de agua de la Fuente Luminosa en el final del Paseo Jaime I, me crucé por primera vez con un desconocido. Volví a verlo dos horas después paseando entre las sombras de las palmeras reales y, por tercera vez al atardecer, junto al Espigón del Muelle frente al Monumento al Pescador.

El destino parecía caprichoso. Él se llamaba Kenai Vinter y venía de Reikiavik, la capital de Islandia. A sus treinta y ocho años, desempeñaba una labor tan inusual como cautivadora: era taxidermista de minerales e hidrogeólogo, especializado en la extracción, limpieza y conservación de formaciones cristalinas subterráneas. Kenai era alto, de tez tostada por el sol de sus expediciones, hombros anchos y una mirada verde sumamente tranquila que destacaba tras su barba espesa. Por dentro era un hombre callado, excesivamente metódico, analítico y dotado de una honestidad sincera.

 

Coincidir cuatro veces en un mismo día superaba cualquier cálculo de probabilidades. La quinta coincidencia ocurrió frente a la Torre Vella, un imponente fortín del siglo XVI donde se exhibían muestras de arte local.

—Creo que el mapa de Salou es demasiado pequeño o las corrientes marinas insisten en cruzarnos, Paty —me dijo Kenai dibujando una sonrisa serena mientras observábamos la piedra centenaria del edificio.

—En mi clínica dirían que se trata de una estadística fascinante —respondí riendo—. Pero reconozco que me alegra encontrarme contigo.

 

A partir de aquel instante decidimos explorar la zona juntos. Nos enamoramos en las horas compartidas. A mí me maravillaba su serenidad científica, su paciencia para explicarme cómo la erosión del agua moldeaba los acantilados del Camino de Ronda y el contraste de su mente analítica con mi día a día entre urgencias sanitarias. A él, según me confesó mientras cenábamos un excelente arroz a la marinera en un restaurante junto al puerto deportivo de Salou, le encandilaba mi vitalidad, mi instinto protector hacia el ser humano y la calidez contagiosa con la que abordaba cualquier tema.

Recorrimos los principales rincones turísticos de la localidad. Paseamos por la arena dorada de la Playa de Llevant, compramos embutidos artesanales y aceite de oliva en el Mercado Municipal y visitamos pequeñas tiendas del casco antiguo para adquirir recuerdos. Llegamos incluso hasta la cima del Faro de Salou para contempla la inmensidad del horizonte.

Sin embargo, el sexto día la intriga irrumpió en nuestro romance. Mientras descansábamos en una cafetería del Paseo de las Palmeras, a Kenai se le cayó una carpeta de mano. Al ayudarle a recoger las hojas, vi un folio con el sello de mi clínica de medicina general de Nueva York, junto con la dirección de mi hotel en Salou y mi turno de guardias anotado al detalle.

La desconfianza propia de quien vive en una gran metrópoli me encendió las alarmas. ¿Acaso me había estado investigando de antemano?

—Kenai, ¿de dónde has sacado este documento? —pregunté tratando de mantener la compostura, mostrándole las anotaciones con firmeza—. Esto incluye datos privados de mi trabajo en Nueva York. ¿Me estás siguiendo?

Kenai no se inmutó ni mostró culpa alguna; sus ojos verdes reflejaron una honestidad absoluta.

—Paty, permíteme aclararlo. El primer día, en la terraza junto al puerto, olvidaste tu acreditación médica del hospital junto a tu agenda personal sobre la mesa antes de desplazarte en tu silla de ruedas hacia el paseo. Corrí para darte alcance, pero te perdí entre la multitud. Al abrir la agenda para buscar el contacto de la clínica o tu alojamiento, anoté esos datos en una hoja para poder entregártela en la recepción de tu hotel. Tu acreditación original y tu agenda están depositadas a salvo en la conserjería de tu hotel desde la primera mañana. Solo guardaba este borrador para asegurarme de darte una sorpresa entregándote un mineral grabado antes de que regresaras a Estados Unidos.

La explicación encajaba punto por punto con la lógica y la prudencia que caracterizaban a Kenai. El enredo y la sospecha quedaron disueltos en un instante, transformados en un sentimiento entrañable.

 

Nuestra última noche transcurrió en el mirador de la Cala Penya Tallada, con la brisa nocturna acariciando el acantilado y el murmullo de las olas de Salou en el fondo.

—Tú debes regresar al ritmo acelerado de Nueva York y yo a la quietud de Reikiavik —expresó Kenai tomando suavemente mis manos—. Pero ni la distancia entre dos continentes ni el trabajo van a enfriar lo que ha nacido aquí.

—En el hospital curamos el cuerpo, pero este verano tú has alimentado mi alma —le respondí sonriendo bajo la luz de la luna—. Organizaremos los turnos y los viajes. Ningún océano es demasiado ancho cuando hay un motivo para cruzarlo.

 

Nos fundimos en un beso sincero frente a la costa del Mediterráneo, convencidos de que las vacaciones terminaban, pero nuestra aventura apenas comenzaba.

FIN

Escrito por Jessica Bao Perez.

El viernes, 11, de septiembre de 2026.

En Badalona.

jueves, 10 de septiembre de 2026

¡¡Nuevo cuento escrito por mí 🖋!!

 UN VERANO EN CAMBRILS

CUENTO BREVE 

 

El aire cálido del Mediterráneo traía consigo un aroma inconfundible a sal y a pino seco. Yo, Swamda Völundardóttir, con mis treinta y cuatro años a cuestas, buscaba un respiro lejos del invierno eterno de Reikiavik, mi ciudad natal. Llevaba mi melena cobriza recogida en un moño desordenado y mis ojos verdes atentas a los destellos del mar. Como astróloga, mi profesión exige una observación minuciosa y una intuición afinada; internamente me considero una persona serena pero de pensamiento reflexivo, reservada y a veces proclive a sobre analizar las coincidencias.

El primer día en Cambrils, mientras paseaba por el puerto pesquero observando las embarcaciones tradicionales, tropecé al doblar la esquina hacia el Club Náutico. Un hombre alto, de mirada pausada y tez tostada por el sol, amortiguó mi caída. Se trataba de Jonatan Yamashita, un hombre de treinta y ocho años nacido en Kioto que trabajaba como restaurador de pecios antiguos. Jonatan transmitía una calma casi magnética; físicamente destacaba por sus hombros anchos, sus manos curtidas marcadas por el trabajo técnico y unos ojos oscuros expresivos. Internamente era metódico, pragmático y dotado de un fino sentido del humor.

—Disculpa el impacto —dijo él sosteniendo mis hombros con delicadeza—. Parece que la marea nos ha empujado a la misma orilla.

—El despiste ha sido mío —respondí sonriendo—. Los mapas celestes no prevén los tropiezos terrenales.

 

Aquello fue solo el comienzo. Parecía que el callejero de Cambrils estuviera diseñado para cruzarnos constantemente. Volví a encontrarlo por la mañana mientras compraba fruta fresca y aceite de oliva local en el Mercat Municipal. Más tarde, caminando por la avenida Diputació, donde las Palmeras escoltan el carril bici bordeando la playa del Regueral, él caminaba en mí misma dirección. Decidimos comer juntos en un restaurante del paseo marítimo, degustando un exquisito arroz negro y un pescado fresco a la marinera mientras veíamos las olas romper.

—Me fascina tu capacidad para leer patrones en lo que parece caos —me confesó Jonatan mientras caminábamos hacia la Villa Romana de La Llosa, un yacimiento arqueológico rodeado de columnas de piedra ancestrales que visitamos fascinados—. Yo me dedico a unir fragmentos del pasado bajo el agua, pero tú buscas el futuro en el firmamento.

—Y a mí me impresiona tu paciencia —repliqué observando el contraste de sus manos rudas sosteniendo con cuidado una postal—. Hay una nobleza muy particular en devolverle la vida a barcos que el mar intentó olvidar.

Nos enamoramos entre paseos al atardecer, admirando la arquitectura defensiva de la Torre de la Esquirol y perdiéndonos por los callejones antiguos del barrio de la Vila, comprando recuerdos artesanales en las tiendas del casco viejo. Me enamoró su solidez, la forma en que escuchaba mis extensos análisis astrológicos sin juzgarme y su mirada franca. A él le encandiló mi curiosidad inagotable y mi risa espontánea ante la monotonía.

 

Sin embargo, el misteriose llegó una tarde en la plaza de la Villa. Jonatan dejó caer por accidente su cuaderno de notas. Al recogerlo para devolvérselo, una hoja suelta llamó mi atención: era un plano detallado con anotaciones sobre la estructura interior del histórico Faro Rojo de Cambrils, acompañado de horarios de seguridad marcados en rojo y una fecha: la de esa misma noche.

La sospecha me oprimió el pecho. ¿Un restaurador de pecios estudiando accesos no autorizados a un monumento náutico activo? Durante unas horas, la lógica me decía que Jonatan no era quien decía ser, sino alguien involucrado en algún tráfico ilícito de piezas arqueológicas o un saboteador.

Decidí confrontarlo al anochecer en el Parque del Pescador, rodeados por la vegetación mediterránea y el suave murmullo de los estanques.

—Jonatan, necesito que seas honesto —dije mostrándole la hoja sin rodeos—. Sé que el rigor de tu trabajo es extremo, pero ¿por qué guardas estos esquemas de seguridad del faro?

Jonatan guardó silencio un segundo, parpadeó sorprendido y luego dejó escapar una carcajada limpia que disipó al instante la tensión.

—Swamda, no soy ningún infiltrado —explicó sacando de su bolsillo un documento oficial con el sello del municipio—. El ayuntamiento me ha contratado para liderar la restauración de la antigua linterna marina del faro este otoño. Esos horarios son las ventanas de tiempo que me han concedido para inspeccionar el mecanismo sin interrumpir la señal marítima.

 

El lío mental que me había construido se desmoronó por completo ante la aplastante y sencilla realidad. Me eché a reír avergonzada por mis desmedidas dotes de deducción.

—Supongo que las estrellas hoy no estaban muy alineadas con mi intuición —admití tomándole las manos.

—O quizás sí —respondió él acercándose para darme un beso bajo la luz dorada del faro—. Te han traído exactamente al lugar donde tenías que estar.

Aquel verano en Cambrils no solo nos enseñó la belleza de la Costa Daurada, sino también que cuando dos trayectorias distantes coinciden con la fuerza adecuada, el mapa del destino se dibuja solo.

FIN

Escrito por Jessica Bao Perez.

El jueves, 10, de septiembre de 2026.

En Badalona.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

¡Peli 📽 en el cto Aspace Badalona!

Señora Doubtfire (1993)

La vi en el CTO Aspace Badalona, el viernes, 4, de septiembre de 2026.

Daniel Hillard (Robin Williams) es padre y esposo. Sus hijos lo consideran un padre maravilloso, pero su mujer está cansada de que se comporte como si también él fuera un niño. Tras un accidentado divorcio, aunque lucha con todas sus fuerzas para conseguir la custodia de los niños, el juez no se la concede. Decide entonces hacerse pasar por una señora mayor para poder ser, al menos, la canguro de sus hijos.

Está muy bien, muy familiar y súper divertida. Aunque, es muy antigua y la vi mil veces. ¡Me gustó y me reí mucho! 

jueves, 3 de septiembre de 2026

¡¡Quinto libro 📙 del verano 🏖 !!

Misión Olvido, de María Dueñas. (2018)

Hoy, jueves, 3 de septiembre, después de una semana y cuatro días, he acabado de leer mi quinto libro del verano: “Misión Olvido”, de María Dueñas. Me lo compró mi madre, en el Carrefour de La Maquinista.

Está dividido en 45 capítulos, basado en el año 1999, del s.XX. Cuenta la historia de la profesora Blanca Perea, quién, tras haberse divorciado, hace años, se entera de que su exmarido, va a ser padre, de nuevo, con su nueva mujer. Cosa, que no quiso repetir, por tercera vez, con Blanca. Esta situación lleva a la profesora a aceptar un tedioso proyecto académico en una insignificante universidad californiana de la ciudad de Santa Cecília.

El campus que la acoge resulta, sin embargo, mucho más seductor de lo previsto. La tarea de Blanca, será la catalogación del legado de su viejo compatriota Andrés Fontana, la cual, dista enormemente de ser tan insustancial como prometía. Y entretanto, Blanca conoce al carismático profesor y compañero, Daniel Carter, quién, entra en su vida, y todo adquiere una nueva dimensión. Ya que, durante la catalogación de las cartas y documentos de Andrés, descubre la relación de amistad, entre Daniel y Andrés.

Está muy bien, porque habla un poco de todo: amores cruzados, certezas a medias e intereses silenciados que acabarán por salir a la luz. Desde los viejos franciscanos que fundaron las míticas misiones californianas a los hispanistas y escritores exiliados que a pesar de la nostalgia nunca lograron regresar. Con todos ellos entreverados en la propia historia de Blanca, “Misión Olvido” compone una narración intrigante, emotiva e intensamente humana.  ¡Me ha gustado mucho!

martes, 1 de septiembre de 2026

¡Nuevo cuento escrito por mí!

 EL ARCHIVO DE LEO

CUENTO BREVE

 

Leo recorrió con la yema del dedo el esquema de nodos y conexiones trazado en su bitácora. A sus treinta años, como ingeniero de sistemas de asistencia, la autonomía no era una abstracción ni una casualidad: era un problema de arquitectura que requería soluciones precisas.

 

—Si sigues apretando el trazo de ese algoritmo, vas a traspasar el papel —comentó Dainara, apoyándose en el quicio de la puerta de la terraza con dos tazas de café humeante.

 

Leo alzó la cabeza, acomodándose las gafas con un gesto pausado mientras sostenía el cuaderno abierto frente a ella.

 

—No es solo un algoritmo, Dainara. Es la arquitectura de control de la interfaz —explicó Leo, señalando la red geométrica de la página—. La telemetría que instalé en el joystick responde bien, pero si quiero integrar el módulo hidrodinámico para la tabla de surf adaptada, necesito que el sistema filtre las perturbaciones del oleaje en tiempo real.

 

Dainara dejó una de las tazas sobre la mesa auxiliar, junto a una mochila de cuero desgastado que reposaba cerca de las jardineras. Echó un vistazo al boceto de la esquina superior, donde Leo aparecía sobre una ola, maniobrando con un panel digital.

 

—Te conozco desde la facultad, Leo, y sigues empeñado en parametrizar el mar —dijo ella con una media sonrisa—. ¿Y el vector del avión? Supongo que es la ruta de esta tarde.

 

—A las tres en punto —confirmó él, deslizando el pulgar sobre la pantalla táctil integrada en el reposabrazos para ejecutar la prueba de diagnóstico—. Presento la patente del sistema de navegación contextual en la cumbre de accesibilidad. Si la comisión valida la arquitectura de la red, la semana que viene probamos el prototipo en mar abierto.

 

—El Atlántico no suele ser un entorno muy tolerante con los errores de código —advirtió Dainara, observando el horizonte.

 

—El código está blindado —replicó Leo con serenidad, cerrando el cuaderno de un firme movimiento—. La tecnología no está para esquivar el entorno, sino para devolvernos la libertad que la infraestructura nos resta.

 

El estruendo sordo de un reactor cruzó el cielo costero. Ambos levantaron la vista hacia la silueta metálica que ascendía entre las nubes.

 

—Hardware, sensores de repuesto y la bitácora técnica —dijo Leo, señalando la mochila de piel—. Todo empaquetado con precisión milimétrica.

 

—¿Listo para la prueba de estrés? —preguntó Dainara.

 

—Siempre —sonrió Leo, activando el motor de su silla—. El modelo teórico ya está terminado; ahora toca medir la resistencia en el mundo real.

FIN

 

 

Escrito por Jessica Bao Perez.

El martes, 1, de septiembre de 2026.

En Badalona.

¡Cuento escrito por mí!

EL ATLAS DE SOFÍA
CUENTO BREVE

Sofía contemplaba el diagrama de nodos y vectores que acababa de trazar en las páginas de su cuaderno de bitácora. A sus veintiocho años, como ingeniera de diseño inclusivo y desarrolladora de tecnología adaptada, sabía que la independencia no era un concepto abstracto: era una ecuación que requería resolución técnica.

—¿Sigue siendo el algoritmo de tracción o ya estás diseñando la suspensión para marejadas? —preguntó Elena, apoyada en el marco de la puerta con dos tazas de café en la mano.
Sofía alzó la vista, ajustándose las gafas con una leve sonrisa mientras sujetaba el cuaderno.

—Ambas cosas —respondió Sofía, indicándole con un gesto la página ilustrada—. La telemetría del control de mando que instalé en la silla funciona, pero si quiero adaptar el módulo para la tabla de surf, necesito que la interfaz de la tableta compense el balanceo hidrodinámico. Mira este esquema de red.

Elena dejó una de las tazas sobre la mesa auxiliar, cerca de la mochila de cuero que descansaba junto a unas flores, y echó un vistazo a las anotaciones.

—Te conozco desde la universidad, Sofía, y sigues intentando digitalizar el océano —comentó con una risa contenida—. ¿Y la ilustración del avión en la esquina superior? ¿Es el vuelo de mañana?

—Sí. Volamos a las diez —contestó Sofía mientras interactuaba con el panel integrado en el reposabrazos de su silla motorizada para verificar el estado del equipaje—. Presento la patente del sistema en el congreso de Biarritz. Si el prototipo pasa las pruebas de la comisión, la semana que viene probaré la tabla adaptada directamente en el Atlántico.

—Biarritz en otoño... Las olas no perdonan —advirtió Elena, observando el dibujo de Sofía en la parte superior, donde se la veía maniobrando sobre el agua con gafas de sol y el dispositivo de control en la mano.

—La física tampoco perdona, Elena, y aun así la usamos a nuestro favor —replicó Sofía con aplomo, cerrando el cuaderno con un golpe seco pero cuidadoso—. No estoy buscando un paseo tranquilo. Estoy buscando demostrar que la tecnología puede devolvernos la fluidez que el entorno nos resta.

Un sonido sordo cruzó el cielo exterior. Ambas miraron instintivamente por la ventana hacia la silueta de un avión comercial que cruzaba las nubes sobre el paisaje costero.

—¿Tienes todo preparado en la mochila? —preguntó Elena, señalando la bolsa de piel.

—Hardware, sensores de repuesto y la bitácora —dijo Sofía mientras impulsaba suavemente su silla hacia adelante—. El resto lo resolveremos sobre la marcha.

—¿En el agua o en la presentación?

—En ambas —sonrió Sofía, encendiendo la pantalla de control—. El código ya está escrito. Ahora solo falta probar la resistencia al impacto.

FIN




Escrito por Jessica Bao Perez.
El martes, 1 de septiembre de 2026.
En Badalona.