ESCRIBO, LUEGO EXISTO
Si no leemos, no sabemos escribir y si no sabemos escribir, no sabemos pensar.
miércoles, 4 de marzo de 2026
¡¡Peli 📽 de Aspace!!
lunes, 2 de marzo de 2026
¡¡Poema del mes 🗓 escrito por mí!!
3🌸 MARZO
Es el albor temprano de la
primavera
y el despertar de la vida
nueva.
Despiertan los brotes
dormidos,
el aire se viste de marzo,
aunque aún guarde en sus
manos
la helada de un mundo
infantil.
Los días se alargan sin
prisa,
las aves retornan cantando,
y en cada rincón florecido,
el tiempo parece estar
bailando.
la poética
sábado, 28 de febrero de 2026
¡¡Peli 📽!!
¡¡Quinto libro 📙 del invierno 🌨!!
Una casa en Manila, de Mónica Soldevila. (2025)
Es el que me regaló mi madre, por Reyes.
Está dividida en dos partes y varios capítulos cada una. Ambientada en 1874 y 1877, es decir, el siglo XIX y en Almansa (Albacete), Valencia y Manila (Filipinas). José Maria Pérez de Lara, un padre de dos hijos Javier y Carmen, además de ser un respetable abogado, se ve condenado al destierro por sus ideas revolucionarias, es detenido y exiliado, pero consigue huir del barco, donde está retenido y llegar a la mansión de un amigo.
Con el corazón dividido entre la esperanza y la incertidumbre, y un año después del suceso de su padre, Carmen Pérez de Lara, casada con Francisco, el mejor amigo de Javier, zarpa junto con su familia hacia las Filipinas en busca de José Maria. La joven española confía en que en Manila les aguarda un nuevo comienzo; sin embargo, antes tendrán que afrontar una larga travesía llena de aventuras y romances de ultramar.
Desde la palpitante capital hasta los confines más salvajes de la selva, Carmen y su familia explorarán la cara más sorprendente de la colonia. Sobre todo cuando en su camino se cruce Apanaya, una mujer filipina que no solo les abrirá las puertas de su mundo, sino que también les ayudará a sortear los peligros que sacuden esa tierra indómita.
Está bien, porque narra un mundo jamás imaginado. Una historia sobre la familia, el amor y el poder del destino. Es un viaje a una tierra lejana y exótica. Es una emocionante saga familiar ambientada a finales del siglo XIX que alberga amor, pasión y grandes aventuras. Con una narrativa envolvente, Mónica Soldevila nos traslada a las últimas décadas de la colonia española en las Filipinas. Está muy bien escrito.
Sin embargo, no tiene nada en especial, quiero decir que, no hay mucha intriga, sí tiene momentos y escenas inquietantes y un poco peligrosas, pero nada del otro mundo. Y los capítulos, demasiado largos, para mi gusto, porque al final, me perdía y ya no sabía cómo había empezado.
jueves, 26 de febrero de 2026
¡¡Cuento 159 🖋 escrito por mí!!
¡Espero que os guste y lo disfrutéis!
LOS 7 SECRETOS
CUENTO BREVE
El título de
este cuento, es el mismo que el sitio al que voy a hacerme la depilación. Y, me
ha parecido muy inspirador.
Siempre he
creído que las ciudades guardan secretos como si fueran cartas sin abrir. Yo
también guardo los míos.
Me llamo Dania Záratev.
Soy novelista. Alta, de cabello negro y ondulado que cae como tinta derramada
sobre mis hombros, piel morena clara y ojos oscuros que —según mi madre—
parecen estar siempre inventando algo. Por dentro soy más compleja que mis
historias: insegura a veces, obstinada casi siempre, romántica en secreto y
valiente cuando la ficción me presta su coraje.
Vivo en Ciudad
de México, rodeada de ruido, jacarandas y cafés donde escribo durante horas. Mi
vida parecía ordenada entre manuscritos y fechas de entrega, hasta que el azar
decidió repetirse.
Lo conocí en
París. Había viajado para documentarme sobre la historia del Museo del Louvre.
Frente a la pirámide de cristal, mientras observaba cómo el cielo gris se
reflejaba en sus aristas, tropecé con alguien.
—Perdón —dije,
recogiendo mis papeles.
—La culpa es mía
—respondió él, con un acento francés impecable y una sonrisa serena.
Se llamaba
Étienne Delacroix. De estatura media, cabello castaño claro peinado con
discreta elegancia, ojos verdes que parecían cambiar de tono con la luz. Vestía
traje oscuro, perfectamente cortado. Trabajaba como cónsul. Pero más allá de su
apariencia pulcra, lo que más me sorprendió fue su voz tranquila y su manera de
escuchar, como si cada palabra tuviera peso.
—¿Escribe?
—preguntó al ver mis hojas llenas de anotaciones.
—Novelas.
Intento atrapar secretos.
—Entonces
coincidimos —sonrió—. Yo intento protegerlos.
Reí. No
imaginaba que aquella frase sería el primero de nuestros siete secretos.
Nos despedimos
sin intercambiar más que los nombres. Sin embargo, días después lo encontré de
nuevo, esta vez en Roma, frente al Coliseo. El anfiteatro se alzaba dorado bajo
el atardecer, con sus arcos abiertos como heridas antiguas.
—Esto empieza a
parecer destino —dijo él, acercándose con una mezcla de sorpresa y complicidad.
—O mala
planificación de itinerarios —respondí, aunque mi corazón latía con entusiasmo.
Caminamos entre
las piedras milenarias. Me habló de su trabajo diplomático, de cómo debía
mediar entre culturas distintas. Yo le conté cómo construía personajes a partir
de fragmentos reales.
Lo que me
gustaba de él era su serenidad; conmigo, el mundo parecía ordenarse. Étienne
decía admirar mi imaginación.
—Cuando hablas,
todo se vuelve posible —me confesó mientras contemplábamos la luna asomarse
entre las ruinas.
Pensé que
aquello era el inicio de algo, pero nuestras vidas estaban en extremos
distintos del mundo. Él debía viajar constantemente; yo regresé a México.
El tercer
encuentro fue en Nueva York, bajo la estructura de hierro del Puente de
Brooklyn. El viento del río agitaba mi cabello y su corbata.
—Esto ya no
puede ser casualidad —le dije.
—Quizá el mundo
es más pequeño cuando dos personas desean encontrarse —respondió.
Caminamos sobre
las tablas de madera, viendo el perfil de la ciudad iluminarse. Allí, entre
rascacielos y luces, comprendí que me estaba enamorando. Me gustaba su firmeza,
su ética, su capacidad de mantenerse íntegro en medio de negociaciones
complejas. Él decía que le fascinaba mi manera de mirar los detalles, como si
cada esquina escondiera una historia.
Pero el
malentendido llegó pronto. Una noche recibí un mensaje breve: “Debo cumplir con
mi deber. No puedo explicarlo ahora.” Luego, silencio.
Durante semanas
no supe nada de él. Pensé que había jugado conmigo, que yo era apenas una
coincidencia más en su agenda diplomática. Mi inseguridad escribió finales
tristes sin consultarme.
El cuarto
encuentro ocurrió inesperadamente en Kioto, frente al Santuario Fushimi Inari.
Miles de torii rojos formaban un túnel infinito bajo el sol.
Al verlo, mi
corazón osciló entre la rabia y el alivio.
—¿Por qué
desapareciste? —pregunté, sin saludar.
Él bajó la
mirada.
—Hubo una crisis
diplomática. No podía dar detalles. Mi silencio era parte del deber, no de la
indiferencia.
—Pensé que me
evitabas.
—Dania Záratev,
te he buscado en cada ciudad donde sabía que presentarías tu libro.
Me mostró un
ejemplar subrayado de mi última novela.
—Aquí está tu
sexto secreto —dijo—. Siempre supe dónde encontrarte.
Comprendí
entonces que nuestras coincidencias no eran azar: ambos consultábamos
discretamente las agendas públicas del otro. Ninguno lo había confesado. Reímos
bajo los arcos rojos. El malentendido se deshizo como papel bajo la lluvia.
El séptimo
secreto lo descubrimos juntos: el amor también requiere diplomacia y narrativa.
Nos prometimos
no dejar que el silencio inventara historias por nosotros. Decidimos alternar
continentes, convertir aeropuertos en antesalas de abrazos y monumentos en
testigos de promesas.
Hoy escribo
estas líneas desde una terraza en Lisboa mientras Étienne Delacroix atiende una
llamada oficial dentro del apartamento. Sé que al terminar saldrá, me mirará
como la primera vez en el Louvre y dirá:
—¿En qué
capítulo estamos ahora?
Y yo responderé:
—En el más
importante.
Porque aprendí
que algunos secretos no se guardan: se comparten.
FIN
Escrito por Jessica Bao
Perez.
El jueves, 26, de febrero
de 2026.
En Badalona.
martes, 24 de febrero de 2026
¡Cuento 158 escrito ✍ por mí!
¡Espero que os guste y lo disfrutéis!
EL TESORO DE LAS LETRAS ESCONDIDAS
CUENTO BREVE
Este cuento ha sido escrito, a partir de palabras sueltas y
escogidas al azar.
Y, el personaje de Anel, lo he hecho ser de Ecuador, en
recuerdo a mi mejor amigo, Giancarlo. Te echo mucho de menos, Janky.
Nidia
Zárate-Dalmau vivía en Martinica, frente al mar gris del invierno. Alta, de
piel oliva y ojos oscuros que parecían analizar cada gesto ajeno, llevaba el
cabello negro siempre recogido en una coleta práctica. En su rostro había
serenidad, pero también una tensión constante: la de quien ha aprendido a
desconfiar. Por dentro era meticulosa, intuitiva y valiente; por fuera,
reservada y elegante sin proponérselo. Trabajaba como detective privada,
especializada en casos de fraudes literarios y herencias disputadas.
Amaba los libros
desde niña. Aquella fascinación la había llevado a investigar la misteriosa
carta firmada por un viejo novelista y poeta fallecido en circunstancias
extrañas. El mapa incluido señalaba un lago perdido entre bosque y niebla. La
pista la condujo, inesperadamente, a Ecuador , donde debía contrastar datos
sobre el manuscrito desaparecido.
Allí conoció a
Anel Quispe-Montalbán. Anel vivía en Ecuador desde hacía años. Era limpiador en museos y
edificios históricos. Delgado, de piel cobriza y manos fuertes marcadas por el
trabajo, tenía el cabello oscuro y algo rebelde, y unos ojos color miel que
parecían sonreír antes que sus labios. Por dentro era paciente, observador y
profundamente honesto; por fuera, discreto y silencioso, como si su oficio le
hubiera enseñado a no dejar huella.
Se encontraron
por primera vez en el vestíbulo del museo donde Nidia investigaba unos
documentos.
—Perdone, el ala
norte está cerrada —dijo él con voz suave.
—Solo necesito
revisar un archivo antiguo. Es importante —respondió Nidia, mostrando su
credencial.
—Entonces la
acompañaré. Aquí los pasillos son un laberinto.
Desde ese
momento, comenzaron a coincidir constantemente. Cuando Nidia viajaba por una
pista, Anel parecía estar allí trabajando: en París, limpiando una galería
cercana a la imponente Torre Eiffel, donde subieron juntos al anochecer y
observaron cómo la ciudad se encendía bajo ellos como un océano de luces
doradas; en Roma, cerca del majestuoso Coliseo, donde caminaron entre piedras
milenarias sintiendo el peso de la historia; incluso en Kioto, paseando bajo
los arcos rojos del Santuario Fushimi Inari-taisha, rodeados de faroles y olor
a incienso.
—Es extraño
—dijo Nidia una noche en París—. Siempre apareces donde me lleva el caso.
—El mundo es más
pequeño de lo que creemos —sonrió él—. O tal vez estamos destinados a
cruzarnos.
Nidia admiraba
la humildad de Anel, su forma de encontrar belleza en lo simple, su respeto
silencioso por los espacios que limpiaba. Él, en cambio, se sentía fascinado
por la inteligencia de ella, su determinación y la pasión con la que hablaba de
literatura.
El amor creció
entre conversaciones nocturnas y miradas sostenidas frente a monumentos
iluminados. No fue inmediato, pero sí inevitable. El malentendido llegó en
Roma. Nidia descubrió que alguien filtraba información de su investigación y
vio a Anel conversando con un hombre relacionado con el fraude literario.
—¿Me has estado
siguiendo por el caso? —le reclamó ella con frialdad.
—No sabes lo que
estás pensando —respondió él, herido.
Se alejaron
durante semanas. Nidia, fiel a su instinto, investigó a fondo y descubrió que
Anel no era cómplice, sino informante involuntario: el hombre lo había
interrogado fingiendo ser inspector de patrimonio.
Cuando
comprendió la verdad, viajó a Ecuador .
—Lo siento —dijo
Nidia frente al mar helado—. Mi trabajo me ha enseñado a desconfiar, incluso de
lo que más quiero.
—Y el mío me ha
enseñado a limpiar lo que ensucia el pasado —respondió Anel—. No quiero que la
duda nos manche.
Se abrazaron
bajo una nube baja que anunciaba lluvia, como aquella del viejo mapa. Nidia
resolvió el caso: el manuscrito inédito era auténtico, y su publicación limpió
el nombre del novelista.
Decidieron no
dejar que la distancia los separara. Entre Martinica y Ecuador construyeron una vida compartida de viajes,
libros y nuevos comienzos. Siempre parecían encontrarse en el mismo lugar,
aunque el mundo fuera inmenso.
Porque
comprendieron que el verdadero tesoro no estaba escondido en un lago ni en un
manuscrito, sino en la certeza de coincidir una y otra vez.
FIN
Escrito por Jessica Bao
Perez.
El martes, 24, de
febrero de 2026.
En Badalona.
domingo, 22 de febrero de 2026
¡Pelis 📽 de tarde 🌇, nueva y antigua!
Buenas noticias (2021)
Emitida esta tarde, domingo, 22, de febrero de 2026, en tv3.
Es otra secuela de la serie: "Crímenes en el Báltico".
Una conocida presentadora de televisión es hallada muerta. Para su asombro, la investigadora Ellen Noorgard descubre que el marido de la víctima es el hombre con el que ella mantiene una aventura.
Está muy bien, intriga, investigación, policíaca y un poco de amor. ¡Me ha gustado mucho!
Tomates verdes fritos (1991)
Emitida esta tarde, domingo, 22, de febrero de 2026, en tve1.
Evelyn es un ama de casa que tiene problemas en su matrimonio. Casualmente, entabla amistad con una extrovertida anciana que le cautiva con sus relatos acerca de una joven que vivió en la década de 1920 en Alabama. Gracias a ello, Evelyn aprende a ser más enérgica y a tomar las riendas de su vida.
Está bastante bien, aunque, es un poco racista y machista. Me ha gustado, pero ya la había visto.
Hay que decir que esta adaptación al cine de la novela homónima de Fannie Flagg, considerada una de las mejores retratistas de los ambientes sureños de Estados Unidos, junto a Margaret Mitchell y Marjorie Kinnan Rawlings. La película significó el prometedor debut como realizador del hasta entonces productor Jon Avnet, que luego repitió con títulos como ''La guerra'' e ''Íntimo y personal''.
El largometraje consiguió dos candidaturas a los premios Oscar: mejor actriz de reparto (Jessica Tandy, en una de sus últimas actuaciones) y guion adaptado, obra de la misma Flagg y una Carol Sobieski (''Annie''), que recibió la nominación a título póstumo. Cabe destacar el resbaladizo tratamiento de la presunta homosexualidad del personaje que interpreta Mary Stuart Masterson, que en el filme nunca llega más que a insinuarse, aunque sí queda bien patente en la novela.





