UN VERANO EN LA RÀPITA
CUENTO BREVE
Nunca imaginé que un viaje pudiera cambiar mi vida
para siempre. Me llamo Amanda Velkaris y trabajo como capataz en una empresa de
construcción en Argentina. Soy alta, de piel morena, cabello rizado y oscuro, y
tengo unos ojos marrones que siempre parecen cansados por tantas horas de
trabajo. Aunque muchos me consideran una mujer fuerte y estricta, en realidad
soy muy sensible y me preocupo demasiado por los demás.
Aquel verano decidí viajar sola a La Ràpita para
desconectar de mi rutina. Desde el primer momento quedé fascinada por el
puerto, donde las barcas se mecían lentamente sobre el agua azul y el olor a
mar llenaba el aire. También recorrí el centro histórico, lleno de calles
estrechas y edificios antiguos que parecían guardar historias secretas.
El día que visité la catedral ocurrió algo
inesperado.
Mientras observaba las vidrieras de colores,
choqué accidentalmente con un chico que llevaba un cuaderno lleno de dibujos de
estrellas.
—Lo siento mucho —dije rápidamente.
—No te preocupes —respondió él sonriendo—. Creo
que las estrellas me distraen demasiado.
Se llamaba Bray Norvind. Era sueco y trabajaba
como astrónomo en un observatorio de Noruega. Tenía el cabello rubio claro,
ojos azules y una sonrisa tranquila que transmitía confianza. Además de
inteligente, era amable y muy paciente.
—¿Te gustan las estrellas? —le pregunté.
—Son mi vida —respondió—. Pero creo que hoy
encontré algo más interesante.
Sentí cómo mis mejillas se calentaban.
Durante los días siguientes seguimos coincidiendo
una y otra vez en los mismos lugares. Primero en el puerto, después en una
pequeña cafetería del centro histórico y más tarde frente a la catedral.
Parecía imposible no encontrarnos.
Una tarde caminamos juntos junto al mar mientras
el sol comenzaba a esconderse.
—Lo que más me gusta de La Ràpita es la
tranquilidad —dijo Bray.
—A mí me gusta sentir que aquí el tiempo va más
despacio.
Él me miró sonriendo.
—Y también me gusta hablar contigo.
Poco a poco empezamos a conocernos mejor. Yo
admiraba su inteligencia y la pasión con la que hablaba del universo. Él decía
que le gustaba mi valentía y mi capacidad para enfrentar cualquier problema sin
rendirme.
Visitamos muchos lugares juntos. Desde el puerto
observábamos las barcas iluminadas por el atardecer. En la catedral
contemplábamos las antiguas paredes de piedra y las luces de colores que
atravesaban las vidrieras. El centro histórico parecía mágico por las noches,
con sus plazas silenciosas y faroles encendidos.
Sin darme cuenta, me enamoré de él.
Pero cuando todo parecía perfecto, ocurrió un
malentendido.
Una noche vi a Bray abrazando a una chica frente
al puerto. Parecían muy cercanos y pensé que era su novia. Sentí una enorme
tristeza y decidí alejarme.
Durante varios días evité verlo, aunque seguíamos
coincidiendo en los mismos lugares. Finalmente, él me encontró cerca de la
catedral.
—Amanda, ¿qué ocurre contigo? —preguntó
preocupado.
—No quiero interrumpir tu relación —respondí
intentando ocultar mis lágrimas.
Bray me miró confundido.
—¿Relación? La chica que viste es mi prima. Vino
desde Dinamarca para visitarme unos días.
Me quedé inmóvil.
—Entonces… ¿no tienes novia?
Él sonrió suavemente.
—La única persona que me importa de verdad eres
tú.
Sentí que el corazón me latía tan fuerte como las
olas golpeando el puerto. Bray tomó mi mano y caminamos juntos por las calles
iluminadas de La Ràpita.
Aquel verano comprendí que el amor puede aparecer
cuando menos lo esperas, incluso entre personas que viven en extremos distintos
del mundo.
Hoy seguimos viajando cada verano a La Ràpita, el
lugar donde nuestras vidas coincidieron una y otra vez hasta unirnos para
siempre.
FIN
Escrito por Jessica Bao Perez.
El lunes, 11, de mayo de 2026.
En Badalona.

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