sábado, 16 de mayo de 2026

¡¡Cuento 163 🖋 escrito por mí!!

                                UN VERANO EN LA RÀPITA

CUENTO BREVE

 

Nunca imaginé que un viaje pudiera cambiar mi vida para siempre. Me llamo Amanda Velkaris y trabajo como capataz en una empresa de construcción en Argentina. Soy alta, de piel morena, cabello rizado y oscuro, y tengo unos ojos marrones que siempre parecen cansados por tantas horas de trabajo. Aunque muchos me consideran una mujer fuerte y estricta, en realidad soy muy sensible y me preocupo demasiado por los demás.

 

Aquel verano decidí viajar sola a La Ràpita para desconectar de mi rutina. Desde el primer momento quedé fascinada por el puerto, donde las barcas se mecían lentamente sobre el agua azul y el olor a mar llenaba el aire. También recorrí el centro histórico, lleno de calles estrechas y edificios antiguos que parecían guardar historias secretas.

 

El día que visité la catedral ocurrió algo inesperado.

 

Mientras observaba las vidrieras de colores, choqué accidentalmente con un chico que llevaba un cuaderno lleno de dibujos de estrellas.

 

—Lo siento mucho —dije rápidamente.

 

—No te preocupes —respondió él sonriendo—. Creo que las estrellas me distraen demasiado.

 

Se llamaba Bray Norvind. Era sueco y trabajaba como astrónomo en un observatorio de Noruega. Tenía el cabello rubio claro, ojos azules y una sonrisa tranquila que transmitía confianza. Además de inteligente, era amable y muy paciente.

 

—¿Te gustan las estrellas? —le pregunté.

 

—Son mi vida —respondió—. Pero creo que hoy encontré algo más interesante.

 

Sentí cómo mis mejillas se calentaban.

 

Durante los días siguientes seguimos coincidiendo una y otra vez en los mismos lugares. Primero en el puerto, después en una pequeña cafetería del centro histórico y más tarde frente a la catedral. Parecía imposible no encontrarnos.

 

Una tarde caminamos juntos junto al mar mientras el sol comenzaba a esconderse.

 

—Lo que más me gusta de La Ràpita es la tranquilidad —dijo Bray.

 

—A mí me gusta sentir que aquí el tiempo va más despacio.

 

Él me miró sonriendo.

 

—Y también me gusta hablar contigo.

 

Poco a poco empezamos a conocernos mejor. Yo admiraba su inteligencia y la pasión con la que hablaba del universo. Él decía que le gustaba mi valentía y mi capacidad para enfrentar cualquier problema sin rendirme.

 

Visitamos muchos lugares juntos. Desde el puerto observábamos las barcas iluminadas por el atardecer. En la catedral contemplábamos las antiguas paredes de piedra y las luces de colores que atravesaban las vidrieras. El centro histórico parecía mágico por las noches, con sus plazas silenciosas y faroles encendidos.

 

Sin darme cuenta, me enamoré de él.

 

Pero cuando todo parecía perfecto, ocurrió un malentendido.

 

Una noche vi a Bray abrazando a una chica frente al puerto. Parecían muy cercanos y pensé que era su novia. Sentí una enorme tristeza y decidí alejarme.

 

Durante varios días evité verlo, aunque seguíamos coincidiendo en los mismos lugares. Finalmente, él me encontró cerca de la catedral.

 

—Amanda, ¿qué ocurre contigo? —preguntó preocupado.

 

—No quiero interrumpir tu relación —respondí intentando ocultar mis lágrimas.

 

Bray me miró confundido.

 

—¿Relación? La chica que viste es mi prima. Vino desde Dinamarca para visitarme unos días.

 

Me quedé inmóvil.

 

—Entonces… ¿no tienes novia?

 

Él sonrió suavemente.

 

—La única persona que me importa de verdad eres tú.

 

Sentí que el corazón me latía tan fuerte como las olas golpeando el puerto. Bray tomó mi mano y caminamos juntos por las calles iluminadas de La Ràpita.

 

Aquel verano comprendí que el amor puede aparecer cuando menos lo esperas, incluso entre personas que viven en extremos distintos del mundo.

 

Hoy seguimos viajando cada verano a La Ràpita, el lugar donde nuestras vidas coincidieron una y otra vez hasta unirnos para siempre.

 

FIN 

Escrito por Jessica Bao Perez.

El lunes, 11, de mayo de 2026.

En Badalona.

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