UN VERANO EN AMPOSTA
CUENTO BREVE
Nunca pensé que
un verano pudiera cambiarme la vida. Me llamo Michelle Zarev, tengo el cabello
negro y ondulado, ojos verdes y una pequeña cicatriz en la ceja izquierda que
conseguí trabajando como guardia de seguridad en un museo de Londres. Siempre
fui una mujer seria y responsable, aunque en el fondo soy muy sensible y
soñadora.
Después de años
trabajando sin descanso, decidí viajar sola a Amposta para descansar unas
semanas y conocer aquel rincón del mundo del que tanto había oído hablar.
El primer día
paseé por el centro histórico. Las calles eran tranquilas y cálidas, llenas de
balcones con flores y cafeterías pequeñas donde el aroma a café se mezclaba con
la brisa del río Ebro. Me detuve frente a la catedral y observé sus paredes
antiguas iluminadas por el sol de la tarde. Sentí una paz extraña. Mientras
tomaba fotografías, choqué accidentalmente con alguien.
—¡Perdón! —dije
nerviosa.
—No pasa nada
—respondió él con una sonrisa.
Era Brayan
Volkov. Alto, de cabello castaño claro y ojos color miel. Tenía un aspecto
elegante, pero sencillo. Más tarde descubrí que trabajaba como químico en una
empresa de Canadá y que estaba en Amposta por un congreso científico. Lo que
más me sorprendió fue su manera tranquila de hablar y la amabilidad con la que
miraba a las personas.
—Parece que este
lugar tiene la costumbre de hacer que la gente se encuentre —dijo riendo.
Nos despedimos,
pero al día siguiente coincidimos otra vez en el puente Penjat. El cielo estaba
anaranjado y el río reflejaba la luz como si fuera un espejo gigante.
—Otra vez tú
—comentó Brayan divertido.
—Empiezo a
pensar que me estás siguiendo.
—O quizá Amposta
quiere que seamos amigos.
Caminamos juntos
observando el puente. Las estructuras metálicas parecían gigantes dormidos
sobre el río. Él me contó historias sobre sus viajes y yo le hablé de mi
trabajo como guardia.
—Debes ser muy
valiente —dijo.
—No siempre. A
veces sólo aparento ser fuerte.
Brayan sonrió
con ternura.
Lo que más me
gustaba de él era que escuchaba con atención. Nunca interrumpía y parecía
entender mis silencios. Más tarde me confesó que admiraba mi determinación y mi
forma de proteger a los demás.
Durante las
semanas siguientes seguimos coincidiendo en los mismos lugares: la plaza del
ayuntamiento, las calles del centro histórico y la catedral. Parecía imposible
no encontrarnos.
Una tarde
visitamos nuevamente la catedral. Las campanas sonaban mientras los rayos de
sol atravesaban las vidrieras de colores.
—Este lugar
parece mágico —susurré.
—No tanto como
tú —respondió él.
Sentí que el
corazón me latía con fuerza.
Sin embargo,
cuando todo parecía perfecto, ocurrió un malentendido. Una noche vi a Brayan
cenando con una mujer muy elegante en una terraza cercana al río. Él parecía
sonreírle con cariño y pensé que era su pareja. Me marché sin que me viera.
Durante dos días
evité encontrarme con él. Pero, como siempre, coincidimos otra vez en el puente
Penjat.
—Michelle, ¿por
qué huyes de mí? —preguntó preocupado.
—No quiero
interrumpir tu relación.
Brayan abrió
mucho los ojos.
—¿Relación? La
mujer que viste era mi hermana. Vino desde Suiza para visitarme.
Me quedé en
silencio, avergonzada.
—Pensé que…
bueno… que estabas enamorado de ella.
Brayan soltó una
carcajada.
—La única
persona de la que estoy enamorado eres tú.
Sentí que el
mundo entero se detenía. Entonces me tomó de la mano mientras el viento movía
suavemente el agua del río.
Aquella noche
caminamos juntos por Amposta. Las luces iluminaban las calles y el puente
parecía más hermoso que nunca. Comprendí que no importaba que viniéramos de
lugares distintos del mundo; habíamos encontrado algo especial en aquel pequeño
rincón junto al Ebro.
Antes de
regresar a Londres, Brayan me abrazó frente a la catedral.
—Esto no será un
adiós —me dijo—. Será el comienzo.
Y tenía razón.
Meses después, él se mudó a Europa y seguimos viajando juntos cada verano a
Amposta, el lugar donde nuestras vidas coincidieron una y otra vez hasta
convertirnos en una historia de amor.
FIN
Escrito por Jessica Bao
Perez.
El lunes, 11, de mayo
de 2026.
En Badalona.
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