¡¡Espero que os guste y lo disfrutéis!!
LA ALQUIMIA DE LA TARDE
CUENTO BREVE
El sol de la tarde filtraba sus últimos rayos dorados a través del ventanal, creando un refugio de silencio y calma en el estudio. Sobre la mesa de roble, una composición perfecta esperaba el momento ideal.
Un libro antiguo, de cubiertas
de cuero gastado por el tiempo, yacía abierto en una página grabada con
delicadas líneas y una trama rítmica de papel. A su lado, descansaba una
robusta taza de cerámica artesanal, de un marrón profundo y texturizado, que
emanaba un vapor sutil y danzante, llevando consigo el aroma de granos de café
recién tostados. La escena era un preludio a la inmersión intelectual.
Líam se acomodó
en su silla, ajustándose las gafas redondas de montura fina que reposaban sobre
la mesa junto a un lápiz de madera tallado. Se colocó las gafas, sintiendo cómo
el mundo que lo rodeaba cobraba nitidez. Con suavidad, tomó la taza humeante,
acariciando su superficie rugosa antes de dar el primer sorbo, dejando que el
sabor cálido y terroso del café despertara sus sentidos. Sus ojos se fijaron en
las páginas del libro, siguiendo el flujo de las líneas, un texto sin palabras
que invitaba a la interpretación. Al sumergirse en la lectura, el mundo externo
se desvaneció, dejando solo la conexión íntima entre la mente y la página
impresa. La planta detrás del libro, con sus hojas de tonos sepia, parecía
crecer y entrelazarse con las líneas de la narración, una encarnación visual de
las ideas que florecían en su mente. Ocasionalmente, Líam pausaba para tomar el
lápiz, haciendo pequeñas marcas marginales, capturando pensamientos fugaces que
la lectura evocaba. El vapor del café seguía elevándose, como una emanación de
su propia creatividad, uniendo el sabor físico con el alimento intelectual.
A medida que
avanzaba la tarde, la luz natural comenzó a desvanecerse, pero el espíritu de
Líam seguía iluminado. Con un suspiro de satisfacción, cerró el libro, cuyo
tacto ahora era tan familiar como reconfortante. El vapor de la taza se había
disipado, dejando un residuo de calor y aroma.
Líam se quitó
las gafas, frotándose los ojos cansados pero contentos. La pequeña pila de
granos de café dispersos sobre la mesa recordaba el proceso, el ritual que
había nutrido su alma. El estudio, ahora en penumbra, guardaba el secreto de la
tarde: la alquimia silenciosa y poderosa que ocurre cuando se unen la calma, el
café, un buen libro y la mente abierta. La escena en la mesa era más que una
disposición de objetos; era un santuario de inspiración y reflexión.
FIN
Escrito
por Jessica Bao Perez.
El martes,
20, de octubre de 2026.
En Badalona.
Esta imagen ha sido la que me ha inspirado para escribir este cuento.
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