martes, 20 de octubre de 2026

¡¡Cuento 203 escrito 🖋 por mí!!

¡¡Espero que os guste y lo disfrutéis!!

 

                            LA ALQUIMIA DE LA TARDE

CUENTO BREVE

 

El sol de la tarde filtraba sus últimos rayos dorados a través del ventanal, creando un refugio de silencio y calma en el estudio. Sobre la mesa de roble, una composición perfecta esperaba el momento ideal.

Un libro antiguo, de cubiertas de cuero gastado por el tiempo, yacía abierto en una página grabada con delicadas líneas y una trama rítmica de papel. A su lado, descansaba una robusta taza de cerámica artesanal, de un marrón profundo y texturizado, que emanaba un vapor sutil y danzante, llevando consigo el aroma de granos de café recién tostados. La escena era un preludio a la inmersión intelectual.

 

Líam se acomodó en su silla, ajustándose las gafas redondas de montura fina que reposaban sobre la mesa junto a un lápiz de madera tallado. Se colocó las gafas, sintiendo cómo el mundo que lo rodeaba cobraba nitidez. Con suavidad, tomó la taza humeante, acariciando su superficie rugosa antes de dar el primer sorbo, dejando que el sabor cálido y terroso del café despertara sus sentidos. Sus ojos se fijaron en las páginas del libro, siguiendo el flujo de las líneas, un texto sin palabras que invitaba a la interpretación. Al sumergirse en la lectura, el mundo externo se desvaneció, dejando solo la conexión íntima entre la mente y la página impresa. La planta detrás del libro, con sus hojas de tonos sepia, parecía crecer y entrelazarse con las líneas de la narración, una encarnación visual de las ideas que florecían en su mente. Ocasionalmente, Líam pausaba para tomar el lápiz, haciendo pequeñas marcas marginales, capturando pensamientos fugaces que la lectura evocaba. El vapor del café seguía elevándose, como una emanación de su propia creatividad, uniendo el sabor físico con el alimento intelectual.

 

 

A medida que avanzaba la tarde, la luz natural comenzó a desvanecerse, pero el espíritu de Líam seguía iluminado. Con un suspiro de satisfacción, cerró el libro, cuyo tacto ahora era tan familiar como reconfortante. El vapor de la taza se había disipado, dejando un residuo de calor y aroma.

Líam se quitó las gafas, frotándose los ojos cansados pero contentos. La pequeña pila de granos de café dispersos sobre la mesa recordaba el proceso, el ritual que había nutrido su alma. El estudio, ahora en penumbra, guardaba el secreto de la tarde: la alquimia silenciosa y poderosa que ocurre cuando se unen la calma, el café, un buen libro y la mente abierta. La escena en la mesa era más que una disposición de objetos; era un santuario de inspiración y reflexión.

FIN

 

Escrito por Jessica Bao Perez.

El martes, 20, de octubre de 2026.

En Badalona.

 

Esta imagen ha sido la que me ha inspirado para escribir este cuento.

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