miércoles, 26 de agosto de 2026

¡Nuevo cuento escrito por mí!

 EL MUSEO DEL RÍO

CUENTO BREVE

Cada día, mi vida transcurría en un paseo largo y ancho al lado de un río caudaloso y sereno. Era un ir y venir constante de gente: personas andando a paso ligero, corredores con zancadas rítmicas, ciclistas sorteando obstáculos con agilidad... Y yo, Anya, estaba allí para vigilarlo todo. Desde que tenía memoria, las paredes que bordeaban el río no habían sido más que un lienzo en blanco, refrescado anualmente con una simple capa de pintura blanca. Pero yo, Anya, de mirada curiosa y alma soñadora, siempre había imaginado que esas paredes podían contar historias más allá de lo que el agua del río recordaba.

Físicamente, yo era alta y esbelta, con el cabello castaño recogido en una coleta desenfadada y los ojos de un azul intenso que reflejaban el cielo que se extendía sobre el río. Mi vestimenta era práctica pero con un toque personal, con prendas cómodas que me permitían moverme con soltura y un pañuelo de colores brillantes atado a la muñeca que contrastaba con la monotonía del paisaje. Internamente, yo era una persona observadora y empática, con una sensibilidad especial para percibir los detalles que otros pasaban por alto. Me gustaba perderme en mis pensamientos, imaginando mundos posibles y soñando con transformaciones que llenaran de vida los espacios grises de la ciudad.

 

Un buen día, la monotonía se rompió de forma inesperada. Al llegar a mi puesto de vigilancia, me quedé sin aliento. Las paredes del río, antes mudas y sin vida, estaban cubiertas por una explosión de colores y formas. Decenas de murales pintados con destreza y pasión adornaban el hormigón, transformando el paisaje urbano en una galería de arte al aire libre. La escena parecía sacada de un sueño, una obra maestra colectiva que cobraba vida ante mis propios ojos.

Mi curiosidad se encendió de inmediato. ¿Quién había creado esta maravilla? ¿Y cómo lo habían logrado sin que nadie se diera cuenta? Me dispuse a desenmascarar a los misteriosos artistas detrás de esta intervención urbana, decidida a descubrir la historia que se ocultaba tras los pinceles y los aerosoles.

Mis pesquisas me llevaron a conocer a Jan Kozłowski, un hombre de aspecto enigmático y sonrisa contagiosa. Jan era un calígrafo de profesión, un oficio poco común que reflejaba su paciencia y su atención al detalle. Físicamente, era alto y delgado, con el cabello oscuro y alborotado y unos ojos expresivos que denotaban una profunda sensibilidad artística. Su forma de vestir era casual pero con un toque elegante, combinando prendas de tonos neutros con accesorios de cuero y metal que le daban un aire bohemio. Internamente, Jan era una persona reservada y reflexiva, con una pasión desmedida por el arte y una visión singular del mundo que lo rodeaba. Me gustaba su calma y su forma de escuchar, su capacidad para encontrar belleza en los lugares más insospechados y su determinación para convertir sus sueños en realidad.

Jan y yo nos encontramos en varias ocasiones en el paseo del río, coincidiendo en el mismo sitio y compartiendo nuestras impresiones sobre los murales. Al principio, hubo un malentendido entre nosotros. Yo sospechaba que Jan era uno de los artistas que había pintado los murales y él se sentía intimidado por mi insistencia en descubrir la verdad. Sin embargo, poco a poco, fuimos superando nuestras diferencias y conociéndonos más profundamente.

 

A medida que pasaban los días, Jan y yo nos sinceramos uno con el otro. Él me confesó que era el creador de los murales, un proyecto que había estado planeando durante años y que había llevado a cabo en secreto con la ayuda de un grupo de amigos artistas. Yo le conté mis sueños de transformar el paseo del río en un espacio cultural y él me enseñó a apreciar el arte urbano en toda su complejidad.

Con el tiempo, Jan y yo nos enamoramos. Nos gustaba pasar tiempo juntos en el paseo del río, admirando los murales y compartiendo nuestras visiones para el futuro del proyecto. BesArt, como Jan había bautizado a su creación, se convirtió en un símbolo de regeneración urbana y cultural, un punto de encuentro entre arte, biodiversidad y ciudadanía. Y Jan y yo, unidos por nuestra pasión por el arte y nuestro amor mutuo, nos convertimos en los guardianes de este museo del río, un legado que perduraría por generaciones.

FIN

Escrito por Jessica Bao Perez.

El miércoles, 26, de agosto de 2026.

En Badalona.

Dedicado a los dibujos y pinturas murales, que llenan las paredes del Parque fluvial del Río Besòs de Barcelona, Sant Adrià de Besòs y Santa Coloma de Gramenet. Al que voy muy a menudo.

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