EL SECRETO DEL SIL
NOVELA BREVE
Dedicada a todas las
historias que escuché en Soutelo, el pueblo de mi madre. ¡Gracias a todos por
contarlas!
Capítulo 1
San Lourenzo, donde el silencio
pesa
San Lourenzo era un pueblo pequeño, de esos que no
necesitan mapa para recorrerse. Allí, el pan se compraba sin pedirlo, las
puertas se dejaban entornadas y los secretos no duraban más que una misa.
Xosé Lamas era un hombre que todos respetaban.
Carpintero desde joven, fuerte como un castaño y tan reservado como la tierra
húmeda después de la lluvia. Tenía tres hijos con Carmiña Souto: Martiño,
Sabela y Uxía. Y aunque muchos decían que tenía una buena vida, en sus ojos aún
se escondía la sombra de algo que no fue.
—Bo día, Xosé. ¿Xa traballando tan cedo? (Buenos días, Xosé. ¿Ya trabajando tan temprano?) —saludó don Severino desde la taberna.
—O silencio
da mañá é o mellor compañeiro (El silencio de la mañana es el mejor compañero) —respondió él, sin levantar mucho la vista.
Lo decía como si hablara de la madera, pero pensaba en
otra cosa. En alguien.
Capítulo 2
El pasado no muere, duerme
Años atrás, cuando el Sil parecía correr más despacio,
Xosé se había enamorado de Lúa Méndez.
—¿Y si mañana nos escapamos a Santiago? —le preguntó
ella una tarde de verano, sentados a orillas del río.
—¿A Santiago?
—A vivir. A perdernos. A encontrarnos.
Xosé se quedó callado. Él amaba a Lúa con todo lo que
no sabía decir, pero también temía perder el suelo bajo los pies.
Y una mañana, ella se fue.
Sin carta. Sin un adiós.
Capítulo 3
Vigo y el hijo del silencio
En Vigo, Lúa dio a luz a un niño. Lo llamó Daniel
Méndez. Tenía los ojos de Xosé, aunque ella nunca lo dijo en voz alta.
—Mamá, ¿quién es mi padre?
—Un marinero —respondía siempre—. Se fue antes de que
tú nacieras.
—¿Y nunca volvió?
—No.
Daniel no preguntaba más, pero cada vez que se miraba
al espejo, buscaba respuestas.
Capítulo 4
Un verano y un encuentro
Fue un verano cualquiera cuando Daniel llegó a San
Lourenzo, invitado por unos tíos lejanos. Tenía veintitrés años y una guitarra
al hombro.
En la fiesta del pueblo conoció a Sabela. Ella servía
empanadas en la plaza cuando lo vio llegar.
—¿E ti? Non es de aquí. (¿Y tú? No eres de aquí.)
—Vengo de Vigo —respondió él, sonriendo—. ¿Eso es
bueno o malo?
—Depende. Aquí desconfiamos de los forasteros… ata que
tocan a guitarra. (Depende. Aquí desconfiamos de los forasteros… hasta que
tocan la guitarra.)
Rieron. Bailaron. Hablaron toda la noche.
Poco después conoció a Martiño y a Uxía. Pronto, los
cuatro se volvieron inseparables.
Capítulo 5
Entre amistad y destino
Los días se sucedían entre caminatas por el monte,
comidas familiares y canciones al atardecer.
Daniel y Sabela se miraban como si el mundo solo
tuviera un idioma: el de sus ojos.
—¿Y si nos quedamos aquí para siempre? —dijo ella una
tarde.
—¿Y si me quedo yo y tú me enseñas a hacer pan
gallego?
—Prométemelo.
—Te lo prometo.
Y se prometieron más cosas. Tantas, que al final se
prometieron para siempre.
Anunciaron su compromiso con una cena modesta y
alegre. Carmiña lloró de emoción. Xosé sonrió… Pero por dentro, algo crujía.
Capítulo 6
El regreso de Lúa
Cuando Lúa se enteró del compromiso, sintió un frío
viejo en la nuca.
—¿Sabela, dijiste? ¿Y vive en San Lourenzo?
Daniel asintió sin saber lo que esas palabras
provocaban.
Días después, Lúa volvió al pueblo tras más de veinte
años.
Xosé la vio desde la ventana del taller y se le cayó
el cepillo de carpintero.
—Non pode ser... (No puede ser...)
—¿Qué pasa? —preguntó Carmiña desde la cocina.
—Nada. Unha sombra do pasado.
(Nada. Una sombra del pasado.)
Capítulo 7
La verdad bajo las vigas
Xosé no durmió aquella noche. Rebuscó en un cajón
viejo y encontró una carta, amarillenta, sin abrir:
“Non puiden dicircho. Estou
embarazada”.
(No pude decírtelo. Estoy embarazada.)
Temblando, salió a la calle con la luna en lo alto y
caminó hasta la casa de Lúa.
—Dime que no es verdad —susurró al verla en la puerta.
—¿Qué?
—Daniel...
¿É meu fillo? (¿Daniel... es mi hijo?)
Ella bajó la mirada.
—Nunca
quixen romper a túa vida. Só quería que vivise ben. (Nunca quise romper tu vida. Solo quería que
viviera bien.)
—Está a
piques de casar coa súa irmá. (Está a punto de casarse
con su hermana.)
—Non o sabía... (No lo sabía...)
—Eu tampoco. (Yo tampoco.)
Capítulo 8
El precio del silencio
Xosé caminó de vuelta a casa como quien carga un ataúd
en el pecho. No pudo dormir.
Al amanecer, se sentó frente al espejo. Carmiña entró
y lo encontró con la carta en la mano.
—¿Qué pasa, Xosé?
—Teño que
dicir algo. E vai cambiar todo. (Tengo que decir algo. Y es
algo que lo va a cambiar todo.)
Carmiña leyó la carta. Se quedó en silencio.
—¿E agora? (¿Y ahora?)
—Agora… hai
que dicilo. (Ahora… hay que decirlo.)
Capítulo 9
El día de la boda
Todo San Lourenzo estaba en la iglesia. Sabela vestida
de blanco. Daniel, nervioso, afilaba los dedos como si fuera a tocar una
canción eterna.
Xosé los llamó a un lado.
—Sabela,
Daniel… preciso falar convosco. (necesito hablar con
vosotros.)
—¿Pasa algo, papá?
Él tragó saliva. Sacó la carta. Se la entregó a
Daniel.
—Lúa é a
túa nai, non? (Lúa es tu
madre, ¿no?)
—Sí… ¿Por qué?
—Porque eu
son o teu pai. (Porque soy tu padre.)
Silencio. Nadie respiró.
Sabela dejó caer el ramo.
—¿Cómo?
—Sodes
irmáns. (Sois hermanos.)
Capítulo 10
Hermanos
La boda no se celebró. El cura cerró el libro. Las
campanas dejaron de sonar.
Daniel desapareció del pueblo esa tarde.
Sabela se encerró en su cuarto.
Xosé se quedó solo en su taller, rodeado de virutas
que ya no sabían a madera.
El pueblo, curioso, no murmuró. Por una vez, guardó
silencio.
Epílogo
A orillas del Sil
Pasaron los meses.
Daniel regresó. Caminó hasta el río. Allí estaba
Sabela, sentada en la misma piedra donde se besaron por primera vez.
—Hola.
—Hola.
—¿Cómo estás?
—Estoy… viva.
Silencio.
—Nos quisimos bien —dijo ella.
—Sí —respondió él—. Aunque fuera un error.
—No lo fue.
Se miraron. Luego, cada uno tomó un camino distinto.
Desde el puente, Xosé los vio marcharse. Se quitó la
boina. El viento le despeinó el alma.
El Sil seguía corriendo.
FIN
Escrito por Jessica Bao
Perez.
El domingo, 19, de
octubre de 2025.
En Badalona.

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