sábado, 25 de octubre de 2025

¡Tercera 🥉 novela breve 📚 escrita por mí!

En la sombra del Cuervo

Novela breve

 

Dedicada a todas las mujeres. ¡Os queremos vivas! 

 

Capítulo 1

Silencio roto

 

Airam González caminaba por la acera agrietada del barrio donde había crecido. El aire frío de octubre rozaba su rostro pálido, haciéndola abrazarse a sí misma. Su chaqueta de mezclilla no era suficiente para el viento que soplaba desde el río, pero no le importaba. Había algo más frío en su interior.

Tenía 27 años, piel trigueña clara y ojos grandes como lunas nuevas. Su cabello castaño oscuro, siempre recogido en una coleta desordenada, caía sobre su espalda como una sombra suave. Sus pasos eran firmes, pero sus pensamientos temblaban como hojas en otoño.

Desde que se había atrevido a hablar, desde que había nombrado al agresor, al hombre que por años la había acechado como un espectro en su propia casa, todo había cambiado.

El Cuervo.

Así lo llamaba ahora. Nunca por su nombre real. No lo merecía.

—No voy a dejar que el miedo me encierre otra vez —se repitió a sí misma—. No más silencio.

 

 

Capítulo 2

Anthony

 

Anthony Masvell la esperaba frente al edificio. Alto, de complexión atlética, con el cabello rubio ceniza atado en una trenza baja, vestía una chaqueta negra de cuero que parecía demasiado elegante para ese vecindario. Sus ojos, verde grisáceo, buscaban entre la niebla matutina.

Cuando vio a Airam, su expresión se suavizó.

—¿Estás bien? —preguntó, acariciándole la mejilla con el dorso de la mano.

—Estoy... intentando estarlo —respondió ella, sin apartar la mirada.

Él podía leer en sus ojos lo que sus labios no decían. El temblor en sus manos. El leve movimiento de sus labios, conteniendo palabras que aún no podía pronunciar del todo.

Anthony sabía que no podía curarla. Pero podía estar allí. Sostenerla cuando el peso fuera demasiado.

Si pudiera arrancarle cada recuerdo doloroso...”, pensó él. “Si pudiera enfrentarme al Cuervo con mis propias manos…”

—Hoy es el día de la audiencia preliminar, ¿verdad? —preguntó, sabiendo la respuesta.

Airam asintió.

—No sé si puedo mirarlo a la cara.

—Tú no estás sola —dijo él con firmeza, tomando su mano—. Y no lo vas a estar nunca más.

 

 

Capítulo 3  

El Cuervo

 

Lo llamaban El Cuervo porque siempre vestía de negro. Porque su mirada era oscura, hundida, vigilante. Su presencia tenía la gravedad de un mal presagio.

Pero tras ese apodo, Airam sabía quién era en realidad. Su tío político. El hombre que todos consideraban “de confianza”. El que siempre “ayudaba en todo”.

El Cuervo se sentó frente al juez con una sonrisa vacía. Sus ojos pequeños y oscuros se posaron brevemente en Airam. No mostró culpa. No mostró miedo.

No me cree capaz”, pensó ella. “No cree que alguien como yo pueda hacerle frente. Pero va a verlo.”

Airam sintió un escalofrío, pero no bajó la mirada. Esta vez no.


 

Capítulo 4

Voces que liberan

 

—¿Puede decirnos, señorita González, qué ocurrió la noche del 12 de marzo? —preguntó la jueza, voz firme pero comprensiva

Airam tragó saliva. Las palabras le ardían en la garganta.

Anthony apretó suavemente su hombro desde la primera fila.

Ella cerró los ojos por un momento. Luego los abrió.                          

—Sí —dijo con voz quebrada—. Esa noche... él entró en mi habitación. Yo tenía solo catorce años. Pensé que estaba soñando. O que era un error. Pero no lo fue.

Su voz empezó a temblar, pero siguió hablando. Palabra tras palabra, memoria tras memoria. Como quien arranca astillas infectadas.

—Durante años me hizo creer que nadie me creería. Que yo lo provocaba. Que él me “amaba”.

Pero no era amor. Era control. Era abuso. Era miedo.

Un murmullo recorrió la sala. El Cuervo desvió la mirada.

Ahora te escondes”, pensó ella. “Ahora, cuando ya no puedes callarme.”

 

Después, en el pasillo, Anthony la abrazó como si pudiera contener los pedazos rotos de su alma.

—Estoy orgulloso de ti, Airam.

Ella lo miró con lágrimas en los ojos.

—Yo también empiezo a estarlo.

 

 

Capítulo 5

Alas propias

 

El Cuervo fue formalmente imputado. El proceso judicial seguiría, pero Airam había dado el primer paso.

Aquella noche, sentada con Anthony en el balcón de su apartamento, ella respiró hondo por primera vez en años.

—¿Sabes algo? —le dijo—. Siempre quise volar. Pero vivía con las alas rotas.

Anthony la miró, acariciándole el cabello.

—Ahora tienes unas alas nuevas.

Airam sonrió.

—No. Éstas son las mismas. Solo que aprendí a usarlas.

  

  Capítulo 6

Las grietas del silencio

 

Airam dormía poco. Cada vez que cerraba los ojos, fragmentos de su pasado se colaban como cuchillas finas. En su mente, El Cuervo aún caminaba por el pasillo de su infancia, aún abría su puerta sin permiso.

Anthony la encontraba despierta muchas veces, sentada en la cocina con una taza de té temblando entre sus manos.

—¿Otra pesadilla?

Ella asentía. Pero ya no lloraba.

—A veces creo que estoy loca.

—No lo estás, Airam. Estás sobreviviendo a algo inhumano. Y eso te hace más fuerte de lo que imaginas.

Ella lo miró. Quiso creerle.

“¿Y si nunca vuelvo a sentirme libre?”, pensó. - “¿Y si este juicio termina, pero yo me sigo sintiendo su prisionera?”

 

 

Capítulo 7

Las máscaras caen

 

Durante la segunda audiencia, varios testigos subieron al estrado. Lo que antes era un secreto sucio comenzó a deshilacharse.

Una prima lejana. Una vecina. Una antigua novia del Cuervo.

Todas, con versiones diferentes, pero ecos similares: manipulación, control, miedo.

Airam sintió un nudo en el pecho. No estaba sola. Nunca lo había estado, pero ahora lo sabía.

“No solo estoy hablando por mí. Estoy hablando por todas nosotras.”

El Cuervo escuchaba todo con el rostro inmutable. Pero cuando los ojos de Airam se encontraron con los suyos, por primera vez vio un atisbo de miedo.

 

Capítulo 8

 Testigos del alma

 

La terapeuta de Airam también testificó. Explicó cómo las secuelas del abuso no se borran con una sentencia. Cómo la víctima puede tardar años en entender que lo que vivió fue violencia.

Anthony, al ver a Airam temblar entre bancos de madera y grabadoras de voz, apretó sus puños.

Cuando le tocó testificar como pareja de la víctima, habló con el corazón.

—He visto a Airam luchar cada día con lo que este hombre le hizo. Su valentía no cabe en este estrado. Ella ha enfrentado una sombra que la perseguía desde niña. Y sigue de pie.

Y yo la amo”, pensó. “Con todas sus cicatrices. No a pesar de ellas, sino también por ellas.”

Airam lloró por primera vez en público. Pero no de dolor. Esta vez fue por algo más parecido a alivio.

 

 

Capítulo 9

La sentencia

 

Pasaron semanas. La tensión era una cuerda a punto de romperse.

El día de la sentencia, Airam se sentó en la primera fila. Vestía una blusa blanca y sencilla. No llevaba maquillaje. No necesitaba armaduras.

El juez leyó los cargos. El silencio era total.

—El acusado, conocido como El Cuervo, es declarado culpable de múltiples cargos de abuso sexual agravado y coacción continuada. Se le condena a una pena de veinticinco años sin derecho a libertad condicional anticipada.

Anthony le tomó la mano. Ella lo miró sin respirar. Luego soltó el aire contenido por años.

El Cuervo fue escoltado sin mirar atrás.

No necesito que me vea. Lo importante es que yo ya no lo veo como un dios. Es solo un hombre vencido por su propia miseria.” 

 

Capítulo 10

Alas nuevas

 

Pasaron tres meses.

Airam comenzó a pintar de nuevo. Algo que había dejado desde niña. Llenaba lienzos con colores intensos, formas abstractas, y algunas veces, siluetas de pájaros rompiendo jaulas.

En una exposición comunitaria, vendió su primer cuadro.

Anthony estaba allí, como siempre. Pero ya no era su bastón. Era su compañero de vuelo.

Una noche, en la azotea de su nuevo apartamento, Airam se apoyó en el barandal, mirando la ciudad.

—Pensé que el juicio sería el final —dijo—. Pero en realidad fue solo el comienzo.

—¿Y ahora qué sigue?

Ella lo miró, con una sonrisa tranquila.

—Ahora aprendo a vivir sin miedo. No como antes. Sino como nunca.

Ahora vuelo por fin con mis propias alas.”- Pensó.

 

Epílogo: El eco de las valientes

 

Meses después, Airam se convirtió en voluntaria de una fundación para mujeres sobrevivientes. Dio charlas. Escribió un libro. Inspiró.

Y cada vez que contaba su historia, no hablaba desde el dolor, sino desde la sanación.

El Cuervo me robó muchas cosas. Pero no mi voz. Y con ella, ayudaré a que otras la encuentren.”

FIN

 

Escrito por Jessica Bao Perez.

El miércoles, 22, de octubre de 2025.

En Badalona.

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