martes, 21 de octubre de 2025

¡¡Segunda 🥈 novela 🖋 breve escrita 🖋 por mí!!

EL SECRETO DEL SIL

NOVELA BREVE

 

 

Dedicada a todas las historias que escuché en Soutelo, el pueblo de mi madre. ¡Gracias a todos por contarlas!


 

 

Capítulo 1

San Lourenzo, donde el silencio pesa

 

San Lourenzo era un pueblo pequeño, de esos que no necesitan mapa para recorrerse. Allí, el pan se compraba sin pedirlo, las puertas se dejaban entornadas y los secretos no duraban más que una misa.

Xosé Lamas era un hombre que todos respetaban. Carpintero desde joven, fuerte como un castaño y tan reservado como la tierra húmeda después de la lluvia. Tenía tres hijos con Carmiña Souto: Martiño, Sabela y Uxía. Y aunque muchos decían que tenía una buena vida, en sus ojos aún se escondía la sombra de algo que no fue.

—Bo día, Xosé. ¿Xa traballando tan cedo? (Buenos días, Xosé. ¿Ya trabajando tan temprano?) —saludó don Severino desde la taberna.

O silencio da mañá é o mellor compañeiro (El silencio de la mañana es el mejor compañero) —respondió él, sin levantar mucho la vista.

Lo decía como si hablara de la madera, pero pensaba en otra cosa. En alguien.

 

 

 Capítulo 2

El pasado no muere, duerme

 

Años atrás, cuando el Sil parecía correr más despacio, Xosé se había enamorado de Lúa Méndez.

—¿Y si mañana nos escapamos a Santiago? —le preguntó ella una tarde de verano, sentados a orillas del río.

—¿A Santiago?

—A vivir. A perdernos. A encontrarnos.

Xosé se quedó callado. Él amaba a Lúa con todo lo que no sabía decir, pero también temía perder el suelo bajo los pies.

Y una mañana, ella se fue.

Sin carta. Sin un adiós.

 

 

 Capítulo 3

Vigo y el hijo del silencio

 

En Vigo, Lúa dio a luz a un niño. Lo llamó Daniel Méndez. Tenía los ojos de Xosé, aunque ella nunca lo dijo en voz alta.

—Mamá, ¿quién es mi padre?

—Un marinero —respondía siempre—. Se fue antes de que tú nacieras.

—¿Y nunca volvió?

—No.

Daniel no preguntaba más, pero cada vez que se miraba al espejo, buscaba respuestas.

 

 

 

 

Capítulo 4

Un verano y un encuentro

 

Fue un verano cualquiera cuando Daniel llegó a San Lourenzo, invitado por unos tíos lejanos. Tenía veintitrés años y una guitarra al hombro.

En la fiesta del pueblo conoció a Sabela. Ella servía empanadas en la plaza cuando lo vio llegar.

—¿E ti? Non es de aquí. (¿Y tú? No eres de aquí.)

—Vengo de Vigo —respondió él, sonriendo—. ¿Eso es bueno o malo?

—Depende. Aquí desconfiamos de los forasteros… ata que tocan a guitarra. (Depende. Aquí desconfiamos de los forasteros… hasta que tocan la guitarra.)

Rieron. Bailaron. Hablaron toda la noche.

Poco después conoció a Martiño y a Uxía. Pronto, los cuatro se volvieron inseparables.

 


Capítulo 5

Entre amistad y destino

 

Los días se sucedían entre caminatas por el monte, comidas familiares y canciones al atardecer.

Daniel y Sabela se miraban como si el mundo solo tuviera un idioma: el de sus ojos.

—¿Y si nos quedamos aquí para siempre? —dijo ella una tarde.

—¿Y si me quedo yo y tú me enseñas a hacer pan gallego?

—Prométemelo.

—Te lo prometo.

Y se prometieron más cosas. Tantas, que al final se prometieron para siempre.

Anunciaron su compromiso con una cena modesta y alegre. Carmiña lloró de emoción. Xosé sonrió… Pero por dentro, algo crujía.

 

 

 Capítulo 6

El regreso de Lúa

 

Cuando Lúa se enteró del compromiso, sintió un frío viejo en la nuca.

—¿Sabela, dijiste? ¿Y vive en San Lourenzo?

Daniel asintió sin saber lo que esas palabras provocaban.

Días después, Lúa volvió al pueblo tras más de veinte años.

Xosé la vio desde la ventana del taller y se le cayó el cepillo de carpintero.

—Non pode ser... (No puede ser...)

—¿Qué pasa? —preguntó Carmiña desde la cocina.

—Nada. Unha sombra do pasado. (Nada. Una sombra del pasado.)

 

 

 

 Capítulo 7

La verdad bajo las vigas

 

Xosé no durmió aquella noche. Rebuscó en un cajón viejo y encontró una carta, amarillenta, sin abrir:

“Non puiden dicircho. Estou embarazada”.

(No pude decírtelo. Estoy embarazada.)

Temblando, salió a la calle con la luna en lo alto y caminó hasta la casa de Lúa.

—Dime que no es verdad —susurró al verla en la puerta.

—¿Qué?

Daniel... ¿É meu fillo? (¿Daniel... es mi hijo?)

Ella bajó la mirada.

Nunca quixen romper a túa vida. Só quería que vivise ben. (Nunca quise romper tu vida. Solo quería que viviera bien.)

Está a piques de casar coa súa irmá. (Está a punto de casarse con su hermana.)

—Non o sabía... (No lo sabía...)

—Eu tampoco. (Yo tampoco.)

 

 

 

Capítulo 8

El precio del silencio

 

Xosé caminó de vuelta a casa como quien carga un ataúd en el pecho. No pudo dormir.

Al amanecer, se sentó frente al espejo. Carmiña entró y lo encontró con la carta en la mano.

—¿Qué pasa, Xosé?

Teño que dicir algo. E vai cambiar todo. (Tengo que decir algo. Y es algo que lo va a cambiar todo.)

Carmiña leyó la carta. Se quedó en silencio.

¿E agora? (¿Y ahora?)

Agora… hai que dicilo. (Ahora… hay que decirlo.)

 

 

Capítulo 9

El día de la boda

 

Todo San Lourenzo estaba en la iglesia. Sabela vestida de blanco. Daniel, nervioso, afilaba los dedos como si fuera a tocar una canción eterna.

Xosé los llamó a un lado.

Sabela, Daniel… preciso falar convosco. (necesito hablar con vosotros.)

—¿Pasa algo, papá?

Él tragó saliva. Sacó la carta. Se la entregó a Daniel.

Lúa é a túa nai, non? (Lúa es tu madre, ¿no?)

—Sí… ¿Por qué?

Porque eu son o teu pai. (Porque soy tu padre.)

Silencio. Nadie respiró.

Sabela dejó caer el ramo.

—¿Cómo?

Sodes irmáns. (Sois hermanos.)

 

 

 

Capítulo 10

Hermanos

 

La boda no se celebró. El cura cerró el libro. Las campanas dejaron de sonar.

Daniel desapareció del pueblo esa tarde.

Sabela se encerró en su cuarto.

Xosé se quedó solo en su taller, rodeado de virutas que ya no sabían a madera.

El pueblo, curioso, no murmuró. Por una vez, guardó silencio.

 

 

 

 Epílogo

A orillas del Sil

 

Pasaron los meses.

Daniel regresó. Caminó hasta el río. Allí estaba Sabela, sentada en la misma piedra donde se besaron por primera vez.

—Hola.

—Hola.

—¿Cómo estás?

—Estoy… viva.

Silencio.

—Nos quisimos bien —dijo ella.

—Sí —respondió él—. Aunque fuera un error.

—No lo fue.

Se miraron. Luego, cada uno tomó un camino distinto.

Desde el puente, Xosé los vio marcharse. Se quitó la boina. El viento le despeinó el alma.

El Sil seguía corriendo.

FIN 



Escrito por Jessica Bao Perez.

El domingo, 19, de octubre de 2025.

En Badalona.

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